Por  David Lara Catalán

“Sí, en primer lugar, estamos unidos por esa institución que se llama espectáculo, pero todavía más unidos, profundamente, por los mismos mitos, por los mismos temas, que nos gobiernan sin nuestro consentimiento (…) comemos el mismo pan, nos enfurecemos por lo mismo, nos indignamos por lo mismo, tenemos los mismos delirios (…) incluso el mismo abatimiento (…) la misma horrible ceguera, la misma ceniza en los ojos, la misma tierra en la boca, entonces tenemos el mismo amanecer y la misma noche; nuestra inconsciencia. Compartimos la misma historia, y ahí es donde todo empieza”.

(Louis Althusser. La revolución teórica de Marx)

Althusser ha descrito el tema de las figuras de la incongruencia: básicamente somos seres incongruentes, y no puede ser de otra manera porque, como bien lo dice, compartimos la misma historia y la misma ceniza en los ojos.

Antítesis del priísmo

Cito esto a propósito de la intención de estas líneas.

Hace algunas semanas al leer el libro “La figura del mundo”, de Juan Villoro, encontré algunas referencias que hacían Luis Villoro y el comandante Marcos en 2005 acerca del ahora presidente de México.

Lo describían como un personaje ególatra, carente de una visión de estadista, además de caprichoso. No era ninguna opción. Esa descripción no parece ofrecer nada nuevo; lo realmente interesante es la postura de Luis Villoro: con tal de que el PRI ya no ganara, entonces había que apostar por un personaje que, aunque no ofrecía nada relevante, era la antítesis del priismo.

El tiempo parece demostrar que esta opción resultó igual de cínica y cleptócrata que la anterior. Es curioso como ha ocurrido que, a la delincuencia organizada, abrazos; y al ejército, obras.

En la misma línea de la incongruencia, aparejada de conveniencias, hemos visto llegar al poder a hombres y mujeres, algunos incluso hablando y actuando como su líder, con tal de ganar su aprobación y, de paso, una gubernatura o presidencia municipal, una diputación o una senaduría.

En este contexto del espectáculo, institución que también compartimos, queda de lado lamentablemente el genuino interés por vivir una vida con dignidad y respeto. 

Cuando me refiero a compartir, me refiero a que de algún modo la inmensa mayoría calla, ya sea porque recibe o espera recibir alguna dádiva, algún favor, algún empleo, alguna cuota. Algunos otros callan, y en su silencio, se vuelven cómplices. Podemos creer que el futuro no es lo que esperamos, pero qué más da si en el mundo del espectáculo todo es igual, la novedad de hoy es el olvido de mañana y así sucesivamente.

Desde luego no se puede esperar algo diferente, esta es nuestra historia.

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