Hasta ahora ninguno de los cuatro aspirantes de Morena a la coordinación de la Cuarta Transformación en Quintana Roo ha mostrado un discurso propio ni disruptivo. Sin embargo, Gustavo Miranda puede dar una sorpresa por la oposición.

Por ahora ninguno de los aspirantes a la coordinación de la Cuarta Transformación en Quintana Roo ha mostrado un discurso propio ni disruptivo, con lo cual, la campaña muestra chatura narrativa y lugares comunes.

Luciano Núñez

Para el filósofo Michel Foucault el discurso no es simplemente un conjunto de palabras, sino un sistema de prácticas sociales que crea la realidad, organiza el conocimiento y está unido de forma inseparable al poder. El discurso es el corazón de las campañas políticas. Define nada menos que quiénes son los perfiles, hacia dónde quieren ir (o llevarnos), qué representan y un largo etcétera.

En épocas del hegemónico PRI, aún cuando se sabía que el candidato iba a ganar (como sucede ahora), el discurso todavía importaba, y mucho. Luis Donaldo Colosio fue el mejor orador sin dudas y por ello lo mataron. En su narrativa trazaba un país que pudo ser diferente.

Años después, AMLO lo tuvo, y por ello, supo ganar después de varios intentos la presidencia de México, eso sí: con un discurso fue cambiando, integrando, eligiendo enemigos, diluyendo a otros y, fortaleciendo acuerdos con todos los sectores porque nadie se podía dejar fuera. Ambos fueron disruptivos.

Dos bloques, sin discurso

Si nos enfocamos en la campaña interna de Morena en Quintana Roo, sigue una ruta de estructura y de cobertura territorial, en la que nadie dice nada. Es decir, si bien la convocatoria de Morena es muy restrictiva: limita a los las y los aspirantes a ir llevando sólo un monocorde mensaje de la transformación de la 4T, nadie ha dicho nada más allá.

Con ello, el tránsito de quienes tienen a mano la estructura del partido y del gobierno es un mero trámite.

Mientras Eugenio “Gino” Segura y Ana Paty Peralta representan, en términos de campaña (y de discurso, si existiera) el “continuismo” de Mara Lezama; Rafa Marín Mollinedo y Marybel Villegas Canché, la oposición interna o rebeldía al oficialismo interno. Incluso, la dirigencia nacional ha admitido que hay dos visiones. En una conferencia reciente Ariadna Montiel admitió que dos grupos se disputan la candidatura de Morena en Quintana Roo, de acuerdo a una nota publicada en Grupo Pirámide.

Sin embargo, ninguno lo ha expresado ni por asomo qué representan: se entiende que en la reunión de quienes serían encuestados fueron advertidos de las consecuencias de hacer campaña negativa o menciones que descalifiquen de alguna manera el gobierno propio, Morena. Con ello, con todas estas limitaciones, veremos una campaña bastante chata y sin discursos propios, en la cual, el candidato/a ganador, con toda seguridad será nuevo gobernador/a de Quintana Roo.

Otra narrativa

Ahora bien, quien puede dar una sorpresa por la oposición es Gustavo Miranda, ex independiente y ex Partido Verde, gracias a lo cual fue presidente de la Junta de Gobierno y Coordinación Política del Congreso del Estado. Desde el llano ha movido un poco esto que tanto falta: discurso y ha tenido cierto eco.

También debe decirse que el eco reverbera mejor en la nada, en un estado donde no existe ninguna oposición, donde lo poco que se dice está en el trabajo serio de un puñado de medios de comunicación.

Recientemente estuvo en Washington, en la Conferencia Política de Acción Conservadora (CPAC), uno de los encuentros políticos más relevantes de la derecha internacional.

Si finalmente el PAN concreta la idea de fichar a Miranda (rechazado de Movimiento Ciudadano por las terquedades del dirigente naranja: José Luis Pech), la oposición tiene una buena oportunidad, no de ganar, pero sí de ganar posiciones. ¿Por qué? Porque aunque Miranda también es una pieza del sistema, su pasado en el Congreso deja más sombras que luces, ha demostrado que puede articular un discurso donde no lo hay.

Hay un vasto sector social que está en contra de los excesos del Tren Maya, de la inseguridad, el caos administrativo en Tulum (que llevó a una joya turística a las ruinas) y la problemática de las madres buscadoras, entre otros temas.

En tanto, la 4T, puede argumentar que ha sacado de la pobreza a miles de personas en Quintana Roo: 77 mil, según las últimas cifras, entre 2022 y 2024, lo que representa una reducción del 9.3 por ciento, que no es poco. Y si bien la inseguridad se percibe, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Seguridad Pública Urbana (ENSU) del INEGI, entre marzo y junio de 2026, mejoró la percepción de seguridad en Cancún, al pasar de 74.9% a 70.1%, y en Chetumal, de 66.4% a 62.1%.

Todavía faltan varias semanas para la definición: en teoría agosto será un mes de muchas encuestas para tomar en cuenta a la hora de la definición, que sabemos, será política.

Todo puede pasar en estas semanas, por ahora lo concreto es que nadie dice nada más allá de la convocatoria. ¿Se animará alguno/a a salirse del huacal y mostrar ideas que perfilen quién será la persona que dirija los destinos de Quintana Roo?

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