El Show que nunca vi y el Show que encontré

Por Luciano Núñez

Tengo que comenzar con la verdad: Una gran decepción sobrevino a mí cuando los organizadores anunciaron que Aerosmith no formaría parte del festival Mother Of All, junto a Alice Cooper y Def Leppard, en Monterrey. No había nada que decir más que reposar en la rencorosa resignación que aprendemos en la vida adulta, aunque en el fondo, tenía ganas de maldecir contra el Big Bang, la alineación de los planetas y el día en que Steven Tyler se tuvo que enfermar. Más de 40 años de carrera y justo, pienso, me toca a mí. Después recapacito que sencillamente son cosas que pasan, que nada puedo hacer y que hay que tomar decisiones.

Estaban ahí las entradas y los pasajes comprados, las ganas infinitas de Víctor Ruiz de ver a un ídolo que supo llenar varios lustros de su vida; y la decisión se reducía ir o pedir reembolso de las entradas. Siempre que se trate de hacer algo que no sea lo que hago la mayor parte del día: escribir sentado y viajar sentado, pienso que le dará aire a mi vida. Además, el año anterior fuimos a ver a los Guns And Roses y fue uno de los mejores shows que he visto en mi vida.

No sé ni una canción

Confirmo en el grupo de Whatsapp -donde además ya está Charly- que voy a ver lo que queda de Alice Cooper y los Leppard. Regreso a las primeras líneas: no sé ni una canción de ninguno, pero me conforma la idea de que ambos hicieron buen rock en muchos años. ¿Qué no me puede gustar?, me pregunto y sigo. Han quedado atrás días en los que esperamos con ansias que ACDC, Metallica o algún otro peso pesado llene ese agujero en nuestras vidas, al menos Charly y yo, que significa Aerosmith.

Día de la partida

Como en el recital pasado, Víctor aporta la logística, y yo, bueno, tendría que pensarlo más. Tiene los tickets en un sobre, las direcciones en su Iphone, cargadores extra, cables para todo y en fin, es un poco McGuiver y un gran fotógrafo, de los mejores con los que he trabajado en 20 años de profesión. Lo conocí hace más de 10 años cuando llegué a Cancún y hemos ido caminando siempre a la par. Me pasa a buscar a la hora acordada y vamos por Charly, que se suma a la comitiva y aporta angustia a mi tyleriana decepción. Al cabo de unos minutos lo escaneo y compruebo que poco sabe de Cooper ni de…quizás de Leppard sí.

Paranoico

Un vuelo tranquilo nos deja en la poderosa Monterrey, la ciudad donde Diego de la Vega hacía de las suyas con El Zorro. No pasan muchos minutos para buscar dónde comer carne y todos los caminos conducen a un restaurante especializado en cabritos a las brasas. Era el maná prometido. Creo que en algún momento recordé la canción de Black Sabah, Paraniod y comencé a tararearla. Víctor intentó descifrarla, pero todo terminó en broma y de lleno al manjar. Salimos a conocer la ciudad, a rolar y rolar, a conocer el parque y la historia de la capital de Nuevo León, que bellamente se ve como tendida entre un llano y unos cerros, entre la vegetación y el smog, y que ha forjado un corazón industrial y cultural que se esparce por todo el territorio. Con Benito Juárez, Monterrey alguna vez fue la casa de su presidencia itinerante y lugar de tantos momentos clave para la construcción del país. El guía nos enseñó con el índice: Para aquel cerro están los ricos, para el otro lado, los pobres. Es la angustia de tener un México tan hermoso y tan dividido por la misma línea en todos lados.

A horas del recital  

Estamos a horas del recital y Charly luce relajado, todo lo contrario a Víctor, que ya tiene organizado qué va a comprar: playera de Alice y lo que salga al paso para su pequeña. La noche es de copas porque además, nos enteramos que el nuevo integrante de la comitiva cumple años: obligada salida y todo termina en una mesa cargada de cervezas. Nunca uno sabe dónde va a terminar cumpliendo años y Charly los cumple con nosotros en Monterrey, sin ninguna expresión de algarabía particular, recibe los saludos y pasa a otra cosa. Por ejemplo, a aspirar el vaporizador al igual que Víctor; algo en lo que siempre me quedo fuera hasta que me decida a dejar de fumar de manera clásica lo poco que fumo.

El cumpleaños sigue al otro día en Sanborns, porque todos los caminos en México conducen a Slim, y ahí sí, tenemos pastel y el cumple toma forma, ya musicalizado por Paranoid, que ahora se transforma en silbido, para evitar la confusión del tarareo.El Show Hace mucho calor y a las cinco de la tarde cientos de personajes -de lo más estrambóticos- desfilan por la entrada del Arena de Monterrey. Como abejas a la miel nos vamos a calzar las playeras del Show que lucen tan bien como en los posters. Cargamos cerveza y a rockear!!! A lo que fuimos. Tenemos buenos lugares y el sonido es contundente: pega directo al pecho. A los lados, se ven los cerros que dan un marco inigualable al festival.

Todos con celulares en mano, disfrutamos de un contundente show de Buckcherry, le sigue Tesla, con una ascendente performance que me obliga a buscar la banda, y ya estamos con la adrenalina cerca de los grandes, de los platos fuertes. Llega Vince Neil de Motley Crue, sobradamente pasado de peso, pero con el registro vocal aún en buena forma. Asistimos a un espectáculo aparte que ofrece el baterista que le pega hasta con los pies a los platillos. Demoledor. Se empieza a hacer de noche y las luces van transformando el escenario en una sombra que late y vive de repente, con fulgores estruendosos.

La premonición y los grandes 

Víctor está con el rostro lleno de emoción, como la de aquel niño que escuchó un casete y supo que ésa sería la música que acompañaría gran parte de su vida, la de su hija, y quizás, la de otra generación que valore a un gran artista como Cooper. Y mientras esperamos, comienzo a silbar Paranoid y, de repente llega lo sobrenatural, el milagro esperado: el operador pone a todo volumen Paranoid que viene a ser un oasis esperado para mí tras la decepción de no tener a Tyler aullando frente a nosotros. Miro a los camaradas y comprueban con asombro la premonición.

El viejo Cooper aparece con bastón en mano y se ve más como pirata o un rey de otra época (o de todas); un ser de otro tiempo que despliega décadas de talento acumulado en pocos minutos. Su rostro es arte, su música y todo en él es algo diferente a lo que hayas visto. Sólo Víctor y los rockers gordos y canosos de al lado saben las letras; Charly y yo sólo sacamos fotos, tomamos cerveza y movemos la cabeza, ¿qué más? Mi columna no aguanta y abandono para regresar al final con Leppard. Me siento en una tribu ajena, pero resisto las primeras canciones. Los compañeros también abandonan el rock pop por algo más primitivo como comer y dormir.

El telón de las vidas ¿Qué me quedó?

Que la narrativa del rock tiene mucho que ver con esos encuentros que nos van sucediendo en la vida, como éste; que musicalmente no fue lo que esperaba, pero me deparó un enorme momento, inolvidable con todo y Tyler ausente, porque la música y las amistades que se conservan y se encuentran, son el verdadero telón de fondo de nuestras vidas; esas letras, esos ojos, oídos y corazones que nos ayudan a ver que rockear le da sabor a esta vida… Ozzy Osbourne lo escribió mejor en Paranoid: “I need someone to show me/The things in life that I can’t find/I can’t see the things that make true happiness/I must be blind (Necesito a alguien que me muestre las cosas en la vida que no puedo encontrar/ No puedo ver las cosas que dan la verdadera felicidad, debo de estar ciego…”.

Fotos: Luciano Núñez

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