Bajo una lona de Coca-Cola, que lucha sin mucho éxito contra el inclemente sol de Cancún al mediodía, se concentran algunas decenas de personas que hacen caso omiso de la «sana distancia» promovida por el gobierno federal.

Las filas son para apuntar sus nombres en las listas de quienes serán atendidos durante el turno vespertino en cada uno de los 11 consultorios de la Unidad de Medicina Familiar (UMF) número 13, ubicada en la avenida Diagonal Tulum, conocida popularmente como «La Cuchilla».

Previamente, los derechohabientes fueron atendidos por un guardia de seguridad y dos mujeres del Instituto que bloquean el acceso a la clínica, ofrecen un poco de alcohol en gel y preguntan el motivo de la consulta: los pacientes habituales se van a la fila, en tanto que enfermedades respiratorias tiene su propio espacio en unas sillas a la izquierda de la entrada.

Son las 12 con 30 minutos y la consultas comenzarán a las 14 horas. En ese lapso, quienes fueran alrededor de 10 personas ahora son unas 45, todas buscando el resguardo bajo la lona roja e ignorando por completo la recomendación del metro y medio de distancia; incluso, cuando una paciente les pide de favor que se alejen un poco, solo recibe algunas miradas y ninguna acción.

«No hubieras venido»

El paciente que acaba de recibir el doctor del consultorio especial para enfermedades respiratorias, viene con un cuadro de bronquitis que no le habían diagnosticado hasta hoy. Lo hace porque está preocupado de contagiarse de Covid-19 y en el trabajo todavía debe cumplir con su horario completo.

Ataviado con guantes, mascarilla blanca, careta transparente y un bata de aislamiento azul que cubre el cuerpo completo, el galeno regaña al derechohabiente, a quien le dice que no debió haber asistido a la clínica, puesto que corre riesgo de enfermarse.

«Aquí ya estamos atendiendo posibles casos de Covid», le informa al joven en un consultorio sumido en un nauseabundo olor a cloro y le advierte: «no hubieras venido, deberías estar aislado en tu casa».

Entrevistado a las afueras de la clínica, el hombre de 32 años que relata esta experiencia lamenta que en su trabajo no están tomando las medidas de higiene necesaria, por lo que decidió asistir a consultar, temeroso de haber contraído la enfermedad, o para ver la posibilidad de conseguir una incapacidad por sus molestias respiratorias.

Una buena parte de los derechohabientes están ahí por una preocupación similar y se quejan de que muchos de los empleadores continúan sin darles opciones para trabajar desde casa o garantizarles que no perderán sus empleos si deciden quedarse en su domicilio, como recomiendan las autoridades sanitarias.

La clínica del IMSS muestra señalamientos para que los pacientes guarden distancia.

Resignación

En el caso del paciente entrevistado, cuenta que, además de medicamento, le dieron un teléfono para que pueda consultar por esta vía y no vuelva a asistir a la clínica a menos que sea necesario; lo cual, se queja, será muy probable debido a que la empresa les pide forzosamente papeles del IMSS, pues no acepta consultas con médicos particulares.

Al final de cuentas, se va con la esperanza de que pronto sus empleadores sigan al pie de la letra las recomendaciones o, mínimo, lograr el permiso para quedarse en casa y dejar de poner en riesgo a sus familiares.

Tres horas más tarde, al fin la concentración de gente ha disminuido a las afueras de la UMF. Algunos pacientes con cubrebocas y papeles en mano abandonan la clínica y se dispersan en un entorno donde no parece haber contingencia sanitaria. Pasa un hombre en bicicleta vestido con una playera sin mangas y hay locales todavía con gente dentro; una lonchería incluso tiene comensales en un par de mesas. En esta esquina de Cancún, el virus parece, todavía, ser un cuento lejano que nos narran a diario a través de las noticias.

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