Por Isabel Rosas Martín del Campo
Hablar del fenómeno de la “trata de blancas” en mi personal punto de vista es una acepción, que me resulta en suma racista, pues este epíteto ¿acaso excluye a la raza negra?
Me parece que la trata de personas es una tradición muy mal atendida por quienes debieran abolirla, pero muy bien entendida por quienes consumen esta práctica inhumana.
Al parecer, históricamente esta costumbre muy “varonil” tiene sus asegunes aún y a sabiendas de que traficar con personas puede ser un delito gravísimo siempre y cuando sea legitimado así por quienes dictan las tan oportunas normas, reglas y leyes del juego humano.
Pues en pleno siglo V A. C. se subastaban mujeres cuyas familias no podían pagar una dote para casarlas. Aunque ya desde la dote había una transacción financiera; el padre se quedaba sin su hija a cambio de dar al afortunado esposo un tipo de herencia en vida que es lo que hacía valer la persona de la futura esposa.
De otro modo, las llevaban al espacio público para exhibirlas como animales de ganado al amparo de algún caballero que se decidiera por alguna de ellas. No imagino cuál sería el trato que recibiría una mujer de aquella tradición comprada en el mercado en el botadero de ofertas (como un saldo que nadie quiere).
El único objetivo era preñarlas para garantizar la preservación de la estirpe. Si esa tradición no era considerada “Trata de personas” debió haberse considerado “trata de cuerpos”. Decisión nada oportuna para ese mundo comandado por los hombres.
El mercado matrimonial
No obstante, al final fue una práctica de tradición, socialmente aceptada mientras se creyera con un fin familiar, matrimonial, hasta de patrimonio social y económico. En la obra pictórica del pintor Edwin Long de 1875 se muestra la vendimia de mujeres en «El mercado matrimonial de Babilonia» (así denominado).
Muestra la costumbre descrita por Heródoto: cada año jóvenes solteras reunidas en una plaza se ponían en oferta a hombres de todas las clases sociales. En esta inhumana práctica (aceptada por las mismas mujeres o, ¿no les quedaba de otra?) se pujaban según su belleza o su fealdad, el dinero, desde entonces, era el móvil más efectivo.
Hoy, sin embargo, hay muchos tipos de TRATA DE BLANCAS. Lo más triste es que hay uno en el presente, muy peculiar, encabezado por la propia mujer; ese, donde la mujer se ofrece al mejor postor, y para ello, se transforma en una mujer exuberante, poco inteligente y muy condescendiente.
Esa es su dote que asume un tipo de auto explotación del cuerpo en donde la dignidad queda entre líneas. En este caso, el dinero proviene del hombre que la compra como objeto de uso.
Este tipo de trata de personas tampoco está considerado un delito, como en aquella época el de las mujeres del mercado matrimonial. Y como tampoco en tiempos de esclavitud de la raza negra lo era cuando vendían a las mujeres negras y los patrones las violaban a su antojo; como trapos sucios de cocina, las desechaban si por descuido quedaban embarazadas.
Así, los modos de habitar de ayer y de hoy inventados por los hombres y asumido por las mujeres es y seguirá siendo una tradición que únicamente cambia las reglas del juego.




















