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Opinión | Optimismo o esperanza como mecanismos de subsistencia | David Lara Catalán

Por David Lara Catalán

La historia de la humanidad es atractiva desde casi cualquier punto de vista.

Sin embargo, mirar hacia el pasado -o el presente- llenos de curiosidad los siglos de experiencias, de logros, fallas, formas de hacer, motivaciones, frustraciones, expectativas etc., requiere una imparcialidad y una mirada crítica que no es precisamente algo de lo que podamos presumir muchos de nosotros, hijos de un tiempo que llamamos posmoderno, algunos otros lo llaman ya post coronavirus.

Etiquetar un tiempo o una época, conlleva una actitud que deslinda a una de otra y, en algunas ocasiones, sirve también para manifestar superioridad o un rompimiento radical respecto al pasado.

Me imagino en el siglo V de nuestra era y decir: “ya no somos paganos ahora somos cristianos”, todo debido a la oficialización del cristianismo como la religión de Estado.

O tal vez, en uno de esos momentos en que el concepto de modernidad aparece o reaparece en la historia, proclamarnos “modernos” porque hemos dejado atrás un tiempo denominado premoderno.

Solo como ironía: ¿hemos dejado de ser premodernos? ¿Quiénes son los modernos?

Homogeneizar la cultura

El deslinde de una época puede ser tan arbitrario y verdaderamente simplista, aunque también es una forma de querer homogeneizar una cultura, ponderarla y venderla como si fuera el ejemplo por seguir, esta actitud encierra su propio proceso de exclusión: todo lo que no sea igual a la cultura A o B no está a su nivel y ni siquiera es digna de mencionarla.

Pero: ¿Quién mueve los hilos de la historia? ¿Quién hace que las “decisiones” se convierten en logros o, por otro lado, se vean revestidas por el fracaso o la frustración?

¿Cuál es la motivación humana para generar desarrollo? ¿Qué papel juegan el optimismo o la esperanza en la historia de la humanidad? ¿En qué consiste ese motor que hace que la historia -nuestras historias- sean de cierta manera y no de otra? ¿Qué papel juega la aleatoriedad? ¿Es cierto que si verdaderamente creemos todo es posible?

Conozco muchos ejemplos de personas que creen y no logran aquello que han creído

¿Les hizo falta creer más? ¿O creyeron demasiado?

No faltará la afirmación que nos señale: “todo llega en su momento”, pero ¿Cuándo es el momento? ¿Cómo fue que no percibí que “ese” era el momento adecuado?

Cada mañana el optimista ¿ingenuo?, se levanta de su cama y cree que sólo porque es domingo o viernes o se llama Pedro o Juan todo será espléndido.

Cada mañana la esperanza -que consiste en tener buenas razones para aceptarla, una de ellas podría ser la conciencia de que es necesario hacer y no solo imaginar- juega un papel fundamental en la vida de muchas personas.

Es probable que la fragilidad de nuestra existencia y la incertidumbre del momento siguiente en nuestras vidas, sean una marca genética que se reproduce en nosotros generación tras generación y, en consecuencia, esto nos lleve a necesitar del optimismo o de la esperanza como mecanismos de subsistencia, formalismos que ahuyentan el componente obscuro del momento siguiente, pero más que nada salvaguardas de un presente frágil que se desliza de modo irremediable en el inmenso océano de nuestras historias pasadas, mucho más que en el mañana incierto.

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