Por David Lara Catalán

Estoy bastante seguro de que la incongruencia se evidencia en nuestras vidas de modo rotundo.

Está tan impregnada en nuestro ADN que se hace difícil reconocerla.

Tiene desde luego muchas aristas y variadas formas de presentarse en nuestras vidas.

A veces se carga el ropaje de la estupidez, a veces se viste de hipocresía, también de arbitrariedad: lo que nos parece que es justo para nuestras vidas no lo podemos permitir en la vida de otros o, al revés, lo que creemos que es justo para otros de ningún modo lo aceptaríamos en la nuestra.

El criminal, por ejemplo, se merece ser castigado de modo ejemplar, pero si es nuestro pariente -o nosotros mismos-, entonces disminuye la intensidad del castigo ejemplar que deseamos para otros.

El juicio fácil y barato es parte de nuestras incongruencias y, a veces, lo que creemos que sería el mejor ejemplo de justicia no es más que una idea de venganza y de humillación hacia otros.

Parafraseando un poco aquella idea de Albert Camus en La Caída: No espere usted amigo mio la llegada del juicio final, hay un juicio que es todos los días y mucho mas apabullante y condenatorio que el divino, y es el que hacemos los seres humanos.

Y tal vez usted se preguntará el porqué de todo este rollo.

La respuesta tiene que ver con la despenalización del aborto en Quintana Roo

Hay almas feministas radicales que se congratulan y que agradecen a las diosas por tan sublime avance.

Hay otro tipo de almas, aquellas que se santiguan todos los días pero que no son capaces de mirar con humildad al prójimo y lamentan este tipo de decisiones.

Habría que buscar una posición menos eufórica y más responsable al respecto, eso me parece.

Me parece también, de modo muy particular, que ya no estamos para mojigaterías.

En consecuencia, lo que me parece oportuno es abrir un poco más nuestras visiones, ensanchar nuestros horizontes de significado en una palabra: salir del pueblo.

Y mire que aún en las llamadas sociedades de primer mundo hay mucha gente que sigue pensando bajo esquemas pueblerinos decimonónicos.

Despenalizar no significa invitar a las mujeres a que aborten

Despenalizar solo quiere decir abrir la puerta a las elecciones que la gente, en busca de mayor congruencia, requiere hacer.

Desde luego que, para tomar mejores decisiones, es decir, aquellas que optimizan la vida humana -con esto me quiero referir a las acciones que maximizan nuestros aciertos y minimizan nuestros errores-, se requiere educación, apertura, diálogo, información seria y lo más aproximado a la objetividad.

Se requiere que los hombres y las mujeres, en medio de tanta pluralidad, tengan mejores herramientas para decidir.

Desde luego también se requiere de respeto por la diferencia y por el reconocimiento de las individualidades que no tienen que pensar del mismo modo que yo.

De modo fuerte subrayaría en este apartado la importancia de la responsabilidad, es decir, antes de aventar culpas y blasfemias o hechizos por doquier o de politizar las decisiones del amplio espectro de lo público, habría que visualizar la responsabilidad de nuestras decisiones.

¿Qué tal si nos empezamos a interesar en mejores formas de vida, con mayores aproximaciones hacia la congruencia y al respeto como forma de vida, de nuestras vidas?

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