Por David Lara Catalán

Dice el poeta que todo pasa y todo queda… aunque lo nuestro es pasar.

Tratando de aplicar el axioma a la partida de Roger Federer de las competencias tenísticas, habrá que decir el tenista helvético se va con un gran récord: 310 semanas como número 1 de la ATP, 237 semanas consecutivas, 103 títulos incluyendo 20 Gran Slams, entre otros muchos logros deportivos y personales.

Dueño de una gran calidad técnica, hubo momentos en la historia de su carrera que parecía imbatible, claro, hasta que se enfrentaba con Nadal.

Según la ATP, la rivalidad entre estos dos grandes tenistas se extendió a 40 enfrentamientos y el récord favorece a Nadal 24-16.

El recuento de sus números es lo que pasa a la historia, son solo datos, seguramente vendrá alguien que en algún momento lo rebasara y se pensara que es mejor, al menos por un determinado momento.

Lo que importa, debido a su trascendentalidad, es lo que queda: y lo que queda de Roger Federer es ejemplo de profesionalismo, de tenacidad, de su ecuanimidad a la hora de jugar, hacia parecer todo con gran sencillez debido a su enorme técnica, para la posteridad será su disciplina una fuente de inspiración para mucha gente en el mundo.

Contextos y foto con Nadal

Me gustaría acotar tres temas para finalizar estas líneas: el primero tiene que ver con la comprensión de un contexto.

El contexto de Federer al enfrentar a Djokovic o a Nadal, particularmente, le exigieron debido a sus ganas de triunfar ir siempre más allá del cansancio, esforzarse mucho más para lograr la victoria, lo cual, redundó en un mejor nivel tenístico para ese contexto.

Entre los tres han ganado 63 Grand Slams.

El otro punto al que me quiero referir trae a la escena aquella expresión de Charles Baudelaire al definir lo clásico.

En el cruce entre lo efímero y lo eterno, entre lo inmutable y lo fugaz, ahí justamente se encuentra la condición que Federer ha alcanzado, es decir, es un clásico del tenis mundial y, sin duda, seguirá siendo una gran referencia. Y así como en la literatura, las artes o la música encontramos verdaderos clásicos, en el deporte ocurre lo mismo y Federer ha alcanzado, sin duda, esa dimensión.

Finalmente, la imagen que muestra a Nadal y Federer con lágrimas en los ojos me parece que representa una evidencia de que estos dos grandes fenómenos del tenis mundial son humanos, también se quiebran, combaten en la cancha, pero a la vez, se reconocen como parte de sus trayectorias deportivas.

Alcanzar este nivel de deportividad y de solidaridad no es para todos. Por eso justamente son dos grandes figuras que han alcanzado el nivel de clásicos del tenis.

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