Por ISABEL ROSAS MARTÍN DEL CAMPO

Cancún, Quintana Roo. La certeza de la originalidad se ha difuminado por la certeza de la copia certificada por masas que optan por lo fácil, por lo digerible, por lo de fácil lectura y lenguaje.

Somos comunidades de emoticones que nos sirven para expresar nuestras emociones y utilizamos pensamientos ajenos que se replican como estampas hasta perderse en la red.

Hemos perdido hasta la identidad del lenguaje por uno globalizado, defendemos a un personaje de origen indígena y, sin embargo, mujeres se tiñen el cabello de rubio, usan pupilentes azules o grises.

Muchos usan lenguaje anglosajón para dar una apariencia cosmopolita de éxito y de mundo y no tienen lexicología interesante con cuál sustituir los anglicismos.

Mujeres “autosuficientes” luchan por su independencia del hombre y, sin embargo, llenan de likes vídeos de como maquillarse, de cómo caminar y de cómo vestirse dictados por un hombre que se maquilla a sí mismo para que su público femenino lo siga lealmente.

Como si la mujer hubiera perdido hasta esas destrezas que refrendan su estética femenina

Hombres que abandonan a sus familias fundadas con hijos y se van a vivir su vida a la familia que no fundaron para criar hijos que no concibieron.

También están los niños cuya infancia ya no está ligada a un tipo de pureza de pensamiento inocente y que lograría que continuaran preguntándose cosas del todo.

Ahora son niños que han perdido su introyección y se la han delegado a una pantalla que les dice tanto y les dice siempre lo mismo.

Los juguetes son adornos en las repisas de las recámaras como si fuesen un museo o una gran colección.

Mientras que niños que no tienen juguetes ni educación ni casas dignas vagan por ahí y por allá adquiriendo conocimientos hostiles que los forma como seres fortalecidos en el dolor y en las indiferencias de seres humanos adultos para los que su existencia no significa nada, más que un esfuerzo y un peso de niños que quizá no debieron haber nacido nunca.

Niños que no son amados y que, por consiguiente, posiblemente no sabrán amar

Niños abandonados y golpeados que seguramente, abandonarán y golpearán.

El mundo de hoy es un mundo que ya no se puede poner de acuerdo porque lo que prevalece es la individualidad sin lectura, sin estudio y sin conocimiento referenciado.

Hoy prevalecen las modas mediáticas cuyas estructuras están diseñadas para lograr seguidores y no personas con pensamiento crítico y, a su vez, auto crítico.

Vivimos un presente donde el egoísmo de pensamiento impera a marchas forzadas

Donde son los mismos adultos los que forman niños individualistas y poco empáticos con su entorno, la naturaleza y las personas.

Somos una sociedad que legitima y aprecia más los ambientes virtuales que la realidad donde nos encontramos físicamente, pues el esfuerzo es mayor, ya que en la realidad no se pueden editar las fotos ni encontrar los likes públicos que puede ver toda una comunidad virtual.

Y es que, como dice Byung- Chul Han en su libro “Topología de la violencia: “Las cosas solo adquieren valor sólo si son objeto del deseo de muchos”.

Necesitamos ya, un mundo real, uno con un poder mental y una madurez tal, para transformar personas sensibles con una amplia conciencia humanista.

Necesitamos un mundo de humanos que vuelva a reconocer el mundo en el que vive vivo y no el mundo virtual en el que en realidad no existe.

Quizá necesitamos ser un mundo menos humano.

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