Tristan Tzara

ELEGÍA

El alma vieja, amada,

quieres que sea como las flores del verano,

durante el invierno

los pájaros están encerrados en sus jaulas

 

Te quiero como espera la colina el cuerpo del valle

o como la tierra espera la lluvia espesa y fértil

 

Te espero en todos los atardeceres en la ventana,

deshilando abalorios,

colocando los libros, leyendo mis versos

 

Y ahora me alegro cuando en el patio

ladran los perros, ladran los perros

cuando llegas para quedarte conmigo

hasta mañana, hasta mañana

 

Mi alma feliz es como nuestro cuarto cálido

cuando sé que está nevando y las calles se visten de blanco

AGUA SALVAJE

los dientes hambrientos del ojo

cubiertos de hollín de seda

abiertos a la lluvia

todo el año

el agua desnuda

oscurece el sudor de la frente de la noche

el ojo está encerrado en un triángulo

el triángulo sostiene otro triángulo

 

el ojo a velocidad reducida

mastica fragmentos de sueño

mastica dientes de sol dientes cargados de sueño

 

el ruido ordenado en la periferia del resplandor

es un ángel

que sirve de cerradura a la seguridad de la canción

una pipa que se fuma en el compartimiento de fumadores

en su carne los gritos se filtran por los nervios

que conducen la lluvia y sus dibujos

las mujeres lo usan a modo de collar

y despierta la alegría de los astrónomos

 

todos lo toman por un juego de pliegues marinos

aterciopelado por el calor y el insomnio que lo colora

 

su ojo sólo se abre para el mío

no hay nadie sino yo que tenga miedo cuando lo mira

y me deja en estado de respetuoso sufrimiento

allí donde los músculos de su vientre y de sus piernas inflexibles

se encuentran en un soplido animal de hálito salino

aparto con pudor las formaciones nubosas y su meta

carne inexplorada que bruñen y suavizan las aguas más sutiles

CANCIÓN ANTIGUA

En las orillas del mar he escrito esta canción

Escuchadla: y dígansela al encontrarla

Es alta, tiene los ojos hermosos y tranquilos

y es rubia como la hierba que ha sentido el estremecer de la guadaña

 

¡Oh! Te has ido, te has ido, amada, en una tarde de invierno

y mi corazón es una flor marchita

hoja de un poema viejo hace tiempo arrugada

echada al cesto o debajo de la mesa

 

He buscado defenderte el rostro de la tristeza del atardecer

colocarlo con cuidado en un clavo al icono

para rezar delante de él cuando llueva en el jardín

o cuando sentiría en la noche la canción del olvido

 

Otrora los pollos se amontonaban a tu alrededor, amada, sin llamarlos

como si fueras su madre y los acariciabas con dulces palabras

Ya no les darás de comer, no saldrás para llevarlos a dormir

Ahora el viento amontona círculos de hoja en torno a los troncos secos

 

¡Oh! Amada, sufro por haberte ido al extranjero

Los pollos no tendrán comida -estás lejos

Me estoy leyendo la infelicidad en un libro

Por una calle vieja llegan al hospital las hermanas de la caridad

Si supieras cuánto sufro por no tenerte ahora a mi lado

para preguntarme: qué es lo que te duele, te has resfriado, pero ya estás mejor…

Tristan Tzara (Moinesti, Rumanía, 1896-París, Francia,1963). Creador del movimiento dadaísta. Entre sus libros se encuentran Sobre nuestros pájaros, El hombre aproximado, Dónde beben los lobos, Mediodías ganados, En el ínterin, La huida, El fruto permitido, La rosa y el perro.

Si leíste estos poemas, tal vez te interese leer:

Poemas clásicos | Me desordeno, amor | Carilda Oliver Labra

 

También le puede gustar...

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *