Por Nicolás Durán de la Sierra

Tanto en el estadio federal como en el estatal, la salud pública, es decir la buena administración y gestión de la misma, ha sido y es un capítulo toral; en los dos casos, también, la pesada carga de corrupción e ineficiencia heredada de gobiernos pasados han hecho difícil cubrir con decoro este rubro básico. Muchas son las carencias y poco el tiempo y pocos los recursos.

En el ámbito estatal, donde en la estructura de salud no sólo campeó la corrupción –aún está vigente el tema de las costosas y fantásticas “Carpas Covid”, por ejemplo-; en ese ámbito también se tuvo que recanalizar dinero para hacer frente a la pandemia y la atención médica general se vio relegada, lo que se puede entender, sí, pero sus efectos aún lo sufren los que menos tienen.

Por añadidura, por si fuera poco, el alto crecimiento de la población estatal enrarece el panorama (la entidad triplica la tasa media de crecimiento de México, según el censo del Inegi más reciente). En este sentido “Las carencias medicas van de extremo a extremo”, sentencio recién el Colegio Médico de Quintana Roo. Un horizonte difícil, sin duda alguna.

En tal contexto destaca la gestión de la salud pública de la gobernadora Mara Lezama, quien ha sabido no sólo frenar el deterioro del sector salud y me refiero tanto a su estructura física como a la administrativa. Hoy, para ilustrar esto, el hospital general de Cancún es decoroso y tiene un rostro diferente al de hace un par de años. Ya no se trata de un moridero, sino de un hospital.

Esto en lo que toca a la población de las ‘zonas urbanas vulnerables’, pero es en las áreas rurales quizá donde la diferencia es más notoria. Hace poco, en Felipe Carrillo Puerto, centro de la zona maya, la gobernadora informó que las Caravanas de Salud alcanzaron las cien mil atenciones gratuitas, y que en el resto de su gobierno se continuará con ellas.

En lugares casi inaccesibles esto significa la diferencia entre vida y muerte, y esto lo sabe bien Flavio Carlos Rosado, el titular de salud, quien coordina la operación terrestre de estas caravanas.

Desde luego, como en el ámbito federal, los rezagos que presenta la gestión de la salud no se superan de un día para otro, pero hay avances y hoy ya no se habla de que el 25% de la población no tenga acceso a la salud, ni del brutal desabasto de fármacos que existía. Para el fin del sexenio habrá dos nuevos hospitales públicos estatales, y esas son muy buenas noticias.

 

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