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    Naderías Totales | Limbo político: la transición y definiciones

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    El gobierno de Carlos Joaquín heredará, sin dudas, mejores condiciones a Mara Lezama que sus antecesores; pero todo dependerá de las últimas acciones en poco más de dos meses que restan para el cambio de mando a finales de septiembre.

    Luciano Núñez

     

    Por Luciano Núñez

     

    Limbo proviene del latín “limbus” y, de acuerdo a la doctrina cristiana, es el sitio al que van las almas de los niños que no recibieron el sacramento del bautismo. También es el “no espacio” en el que se encuentran suspendidas las almas de los patriarcas y santidades de la antigüedad, a la espera de la salvación de la humanidad. Se conoce también como borde.

    En el año 2007, la iglesia católica desapareció de un plumazo el limbo, dado que, afirmaba el papa Benedicto, “los niños no bautizados van al cielo”, y el limbo, “refleja una visión restrictiva de la salvación”. Sin embargo, ese concepto que perduró por cientos de años.

    Se pudiera comparar la situación política de Quintana Roo como una especie de “limbo”, en el cual, existe un gobernador en funciones, Carlos Joaquín González, y una gobernadora electa, Mara Lezama. Durante los poco más de dos meses que restan hasta el 25 de septiembre, habrá un terreno político difuso en el que una gestión se extingue para pasar a ser otra.

    Transiciones complejas

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    Si hiciéramos un resumen abrupto del “gobierno del cambio”, se diría que hubo luces y sombras, como todos, pero ante todo, existió libertad de expresión y respeto a las y los comunicadores; una transición política que se percibe tersa (aunque hay cambio de colores), acaso un sello que debería mantenerse hasta el epílogo de esta administración para marcar, de manera firme, cómo será el comienzo del nuevo gobierno, por primera vez con una mujer al frente del Ejecutivo.

    Las últimas transiciones no fueron fáciles. Empezando por la caótica de Mario Villanueva a Joaquín Hendricks Díaz, en medio de la huida del primero y la amarga sensación del estado que tuvo —durante meses— a un ex gobernador en calidad de prófugo.

    Hendricks inauguró la deuda pública del Estado y se fue en medio de un descrédito que le valió ser declarado persona “non grata” por el Congreso del Estado. Félix González Canto dejó dos herencias de pesadilla: una deuda pública que comenzaba a ser monstruosa, que pasó de 1500 millones a poco más de 10 mil millones. Y además, heredó a su pupilo Roberto Borge, con pocas tablas y demasiado temperamento, que dejó una deuda de cerca de 20 mil millones de pesos, ataques a la prensa y una transición que acabó con su encarcelamiento, en el que continúa.

    Sin bien el gobierno de Joaquín no representó ese cambio profundo que se esperaba la ciudadanía que apostó a todo o nada por él, trajo consigo la primera transición política para que Quintana Roo dejara atrás al PRI, que había sido gobierno hegemónico desde los años fundacionales.

    Ciclos

    Hay épocas y ciclos de bonanza y épocas de estrecheces. La de Joaquín fue una época de administrar lo segundo. No corrió con suerte y dicen que todo buen portero debe tenerla para serlo. Veamos un pantallazo: a pocos días de administración la Fiscalía del Estado fue atacada por la delincuencia organizada. Comenzó una época de arribazón inédita de sargazo y las alertas internacionales por este fenómeno que sigue.

    Recibió una deuda pública gigante en estado de alerta y un desorden administrativo que acabó con el encarcelamiento de muchos de los ex funcionarios, de los cuales, sólo Borge queda en prisión. Aun así, no había pasado lo peor. Vino la pandemia y fue ahí donde el “gobierno del cambio” mostró lo mejor, que no es nada menor: administrar una economía que tuvo meses de cero ingresos, y aun así, otorgó subsidios de gas, electricidad y despensas en todo el estado.

    Sin deudas a largo plazo

    Imagen

    De acuerdo con el último reporte contable, Quintana Roo pagó la deuda pública a corto plazo de cerca de dos mil millones de pesos y no contrató nuevos créditos a largo plazo. Para la época que le tocó administrar, si bien no es mucho, tiene sabor a logro, con algo de proeza. Días atrás el mandatario celebró a la prensa y contó con una nutrida presencia de periodistas, lo cual, es un signo de un demócrata, como lo calificó Andrés Manuel López Obrador. Incluso, dejará el gobierno a un partido distinto a los que lo llevaron a la gubernatura.

    Viento a favor y seguridad

    Por lo anterior, sin dudas Mara Lezama tendrá un panorama inmejorable para comenzar a transitar su gobierno: con viento federal a favor, 8 municipios y el Congreso del Estado, en el que de entrada deberá tomar definiciones urgentes e inmediatas en puestos clave como la Fiscalía y la secretaría de Seguridad Pública, cuyos requisitos fueron cambiados en el Congreso del Estado para permitir que personas “no avecindadas” pudieran ocupar tales cargos. En esa demanda tan sentida de mayor seguridad, ¿hará Mara una diferencia? Es decir, ¿pondrá al frente a personas con arraigo y compromiso ciudadano? O ¿seguirá abrevando de los foráneos?

    La experiencia de Alberto Capella deja un sabor amargo, pero hay que rescatar que, gracias a su gestión, y desde luego la del gobernador, Quintana Roo ya tiene un Centro de Inteligencia, el C-5, que sin dudas será una herramienta fundamental para combatir la inseguridad y los grupos enquistados en el estado, que no son pocos.

    Serán estos dos meses y fracción fundamentales para saber cómo dejará Carlos Joaquín la administración, porque es en el limbo un “no lugar” donde no hay tierra ni cielo, sino un interregno en el que se puede caer o ascender. Y sin dudas, desde el inicio de la nueva administración se percibirá el carácter que tendrá la nueva gobernante, cuyo destino sabemos, no sólo lo marcan sus acciones, sino la época que le tocó: nunca será igual gobernar en tiempos de paz o de guerra, y menos en tiempos de pandemia.

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    * Es técnico en Periodismo y licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Catamarca, Argentina. Postgrado de Opinión Pública por FLACSO y diplomado de géneros periodísticos en La Salle, Cancún.

    Trabajó en medios de comunicación de Argentina y México y publicó los libros Voces que Vuelven y Tan Lejos y Otra Vez en Casa.

    Fue director de Comunicación Social en Benito Juárez, Cancún y Solidaridad, Playa del Carmen.  

    Actualmente es director general de Grupo Pirámide y Vértice.

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