Inicio Columnas Opinión | ¿Derecho a la vida? | David Lara Catalán

Opinión | ¿Derecho a la vida? | David Lara Catalán

Manifestación proaborto.
En la representación del Congreso del Estado en Cancún un grupo de feministas se manifestó para insistir en la despenalización del aborto. Foto cortesía Vanessa González, integrante de la Red Feminista Quintanarroense.

Por David Lara Catalán

En el estado de Quintana Roo se sigue posponiendo la discusión en el Congreso local respecto al tema de la despenalización del aborto.

No es un tema sencillo

Desde luego no es un tema sencillo y, a veces, incluso pareciera que ni los propios legisladores tienen una visión al respecto del tema desde los diversos ángulos que una discusión como estas sugiere.

El tema requiere una visión educada en temas de salud reproductiva, psicología, derecho, ética, entre otros varios más

No estoy muy seguro de que estos legisladores tengan todas estas herramientas e incluso un poco más.

La sensibilidad para entender lo que implica vivir en una sociedad democrática y liberal, en donde se trata de respetar y reconocer los derechos que todos tenemos y no sólo de coartar e imponer una visión miope respecto a temáticas como la despenalización del aborto, que no es la única pero ahora es la que nos ocupa en estas líneas.

Algo que nos debía quedar muy claro es que nos guste o no, los abortos existen independientemente de lo que diga la ley en cada estado o país

Las prohibiciones casi por lo general llevan a la clandestinidad y a que un gran número de mujeres pongan en riesgo sus vidas o incluso mueran.

Y así seguirá sucediendo mientras exista la vida humana en la tierra.

No sé si en Marte, que ahora está muy de moda hablar de este planeta, pueda ser tema de discusión algún día.

Por ahora vivimos en la Tierra y habría que atender nuestras problemáticas que genera la convivencia social aquí y ahora.

En consecuencia, habrá que decir que el aborto existe en todo el mundo, ya sea legal o no

Según el Instituto Guttmacher, una organización americana especializada en temas de análisis de salud reproductiva, señala que “No hay diferencia significativa en las tasas de abortos en aquellos países que lo prohíben, 37 de cada mil personas y 34 por cada mil en los países que lo permiten.

La diferencia estriba, básicamente, en las condiciones legales y de salud en que se realizan los abortos en cada país.

Por su parte, la OMS señala que todos los años tienen lugar 25 millones de abortos inseguros, la gran mayoría en países en vías de desarrollo.

Por cierto, el lema del Instituto Guttmacher señala que: “Una buena política de salud reproductiva empieza con investigación creíble”

En una sociedad democrática y liberal se supone debe existir un marco jurídico que permee los derechos y las obligaciones de los ciudadanos.

Sucede, sin embargo, que un mundo paralelo corre bajo el rasgo cultural llamado culpabilidad.

Me parece que le apostamos mucho más a las culpas, al drama y a las tragedias que al ejercicio legal que permite que cada ciudadano asuma sus derechos y obligaciones.

En ese mundo paralelo corre de modo vertiginoso la hipocresía, la doble moral, esa que condena en el prójimo lo que en uno mismo se decreta virtud.

La misma que por un lado condena, pero por otro favorece

Ejemplos de esto son el tráfico y consumo de drogas, así como la condena del aborto.

Prácticas que nos guste o no, estemos de acuerdo o no, seguirán existiendo sobre todo porque la clandestinidad y la presunción de que somos muy correctos alimentan una visión trasnochada de quienes somos en realidad.

Ese mismo mundo paralelo se encarga de hacerla de verdugo: “se embarazaron, así en plural porque es asunto de dos, ahora a pagar las consecuencias”.

Despenalizar el aborto no es favorecerlo, no es de ningún modo una invitación a las mujeres acerca de “embarázate y luego aborta”.

Se trata básicamente de respetar el derecho que tienen las personas a decidir sobre su cuerpo y su salud

Asimismo, dejar atrás la mojigatería en la que seguimos viviendo y favorecer una discusión seria basada en datos serios.

El tema requiere dejar atrás lo pasional o la conveniencia política-electoral y ponderar un diálogo que bien podría comenzar por la pregunta ¿De verdad nuestro interés es el derecho a la vida?