Por Gabriela Cruz
Cancún, Quintana Roo. Me encontré en Netflix un documental titulado “A plena luz”, el cual analiza el caso del multi homicidio de la colonia Narvarte, de la Ciudad de México, en 2015, y no pude más que comprobar uno de los principios del lenguaje incluyente: garantizar la dignidad de las personas.
Durante un curso ofrecido por la Organización de la Sociedad Civil GOBERNANZA MX a periodistas, se hizo énfasis sobre el riesgo de criminalizar a las víctimas de un delito, solamente con el empleo erróneo de las palabras.
Es decir, un simple titular, un enfoque simplista o manipulado, puede convertir a la víctima en responsable del delito que enfrentó.
El documental “A plena luz” es un claro ejemplo de lo anterior
Nos muestra el caso del periodista Rubén Espinosa y de la activista Nadia Vera, declarados opositores del gobierno de Javier Duarte, ex gobernador de Veracruz, actualmente preso por un sinfín de delitos, incluidas denuncias de desapariciones forzadas y homicidios.

A pesar de que en su momento Rubén y Nadia salieron huyendo de Veracruz por haber recibido diversas amenazas, y que responsabilizaron de su integridad al entonces gobernador, dicha línea de investigación fue descartada desde el principio por la Procuraduría de la CDMX; la cual se dedicó a investigar la conducta de otras dos víctimas del multi homicidio, sacando a la luz conductas moralmente reprobables, con el fin de desviar la atención del crimen político y responsabilizar a la víctimas de lo ocurrido.
Manipulación de información
Así, comenzaron a filtrar datos de la investigación, como que una de las víctimas colaterales se dedicaba a la prostitución o que en un cenicero encontraron una pequeña cantidad de marihuana, lo que generó titulares como “Iban por sexo” o “El crimen ocurrió por una cuestión de drogas”.
“Con este tipo de encabezados le arrebatas a las víctimas su calidad de víctimas y les niegas el acceso a la justicia social”, consignan en el documental.

Lo que no dicen, y que analizamos en el taller de lenguaje incluyente, es que con tal de “informar” lo más nuevo del caso, hay medios de comunicación y periodistas que caemos en el juego de las autoridades y les “hacemos el caldo gordo”, difundiendo datos que desvían la atención del móvil principal y generan antipatía social hacia las víctimas.
“La Procuraduría, al final, cumplió con el protocolo de la impunidad, para construir una narrativa que desviara la atención del móvil que tenía que ver con Veracruz y, de paso, estigmatizara a las víctimas”, señala una de las personas entrevistadas para el documental.
Feminicidios y la estigmatización
Muy frecuentemente este fenómeno sucede en los casos de feminicidio. Como son crímenes que despiertan la indignación de la sociedad y surgen voces que exigen a las autoridades justicia para las víctimas, éstas suelen filtrar datos como que la víctima conoció a su feminicida en Tinder o que había abandonado los estudios, o que tenía múltiples parejas sexuales.
Es decir, la asesinada “era promiscua o era desobligada”; luego entonces, “se merecía lo que le pasó”.
Este tipo de coberturas generan en la sociedad antipatía hacia las víctimas, surgiendo el clásico comentario de “ella se lo buscó”, bajando la intensidad de la indignación y por tanto, la exigencia hacia las autoridades.

Pero hay alguien de la que nadie habló lo suficiente: la empleada doméstica. La mujer, madre y abuela que ni siquiera mereció un nombre en las coberturas.
Alejandra Negrete sólo es recordada por sus familiares, a quienes les sigue doliendo que sólo se hayan referido a ella por su oficio. En comunicación, quien no es nombrado, no existe.
Entonces, si una mujer ejercía la prostitución, ¿merecía ser torturada y asesinada?
Si otra víctima fumaba mariguana, ¿ya era un narcotraficante?
Si una empleada doméstica tuvo la mala fortuna de estar en el momento y lugar desafortunado, ¿ni siquiera merece ser nombrada?
¿Sus vidas valen menos?
Y más importante, ¿las y los periodistas, los medios de comunicación, nos vamos a seguir prestando al juego de las autoridades?
¿No es nuestro deber informar y no deformar lo que sucede?
¿No es nuestro ideal transmitir si no es que investigar la verdad? Lo dejo para el análisis.




















