
Pese a los llamados y la movilización interna, la ciudadanía fue apática a la elección de personas juzgadoras que transcurrió ayer. Una encuestadora decía que apenas habría ido a sufragar el 16 por ciento, la oposición dice que fue apenas el 10, pero los números oficiales confirman que fue entre el 12 y 13 por ciento.

Luciano Núñez
¿Fue un fracaso? Los datos preliminares ya decían que la elección del poder judicial fue más floja de lo que se esperaba.
Mientras las autoridades electorales pronosticaban arriba de un 20 por ciento (22 exagerado), la realidad dice que apenas habría ido a votar entre el 12 y 13 por ciento, de acuerdo con los primeros datos oficiales del INE. Pero ademas, de ese porcentaje hay que descontarle la cantidad de votos nulos, que ya se vio en las redes sociales, como una marea pintoresca y variopinta manifestación de descontento. Porque en memes y vaciladas, no hay ningún lugar como esta tierra fértil donde se canta en los entierros, se come y se toma.
Sea por el laberíntico diseño, sea por la agenda social, sea por desidia, la realidad es que la ciudadanía no estaba nada entusiasmada con ir a votar por sus próximos juzgadores. Muchos de ellos, conocidos rostros del viejo régimen.
Como antecedente, baste recordar que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) manifestó su grave preocupación por la aprobación del proyecto de reforma constitucional al Poder Judicial y advirtió sobre los posibles impactos en el derecho de acceso a la justicia, en las garantías de independencia judicial y en la vigencia del Estado de Derecho.
Sin embargo, la reforma fue aprobada con apenas un voto (de lo que queda de la oposición) y quedó lista para ser ejecutada durante el mandato de Claudia Sheinbaum, quien deberá enfrentar los costos políticos que ello implique.
El principal impulsor de esta reforma fue el ex presidente Andrés Manuel López Obrador, quien ayer salió de su reclusión para sufragar, mientras escribe un libro sobre la cultura de México. Se lo vio muy aminorado en sus reflejos y lejos de los bríos que supo tener el tabasqueño, padre moral de Morena.
Su gobierno se enfrentó no pocas veces con el poder judicial, que echó por tierra varios de sus mega-proyectos de infraestructura, que a su juicio, estaban en la agenda prioritaria de la nación, entre los principales, varios amparos al Tren Maya. Tildó a los jueces que operaban para la derecha y el conservadurismo, que mantuvieron privilegios presupuestales y que se excedieron en el intento de frenar la transformación del país, como los reveses a la Ley de la Industria Eléctrica, la Ley de Remuneraciones de los Servidores Públicos, la Ley de Austeridad, la del Sistema Nacional de Seguridad Pública, la Ley de Extinción de Dominio y la prisión preventiva oficiosa en casos de fraude fiscal. Ahí empezó a germinar la idea que ayer se llevó a las urnas, además de su frontal enfrentamiento con la ministra Norma Piña.
El mensaje de los líderes y militantes de Morena (tanto a nivel federal como estatal) fue orgánico, incluso durante varios días se habló de los famosos acordeones (incluso hubo hasta de obleas), sin embargo, el llamado no fue suficiente para llegar a tamaña apatía. Nadie quería enfrentar las 10 boletas con dos sistema diferentes para sufragar.
No sabía que había elecciones
Una parte de la encuesta de Massive Caller dice por qué la gente no salió a votar: Casi el 48 por ciento no confía en la elección, otro 20 por ciento sencillamente no le interesa el proceso judicial y, un 10 por ciento, “no sabía que había elecciones”, entre otros argumentos. Desde la opción salieron a decir que no había ido a votar más que el 10 por ciento de la lista nominal.
Da la sensación de que el “pueblo bueno y sabio” no estaba en la misma sintonía que el ex presidente, que la justicia no iba bien, pero ofrecía elementos y garantías para dar una batalla hasta la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Así, muchos abogados que llevaban años sin litigar de repente serán jueces o magistrados. En Quintana Roo los casos sobran.
Lo que se vio en las listas de candidaturas es que la mayoría de los espacios de personas juzgadoras quedará en manos de acólitos de Morena, lo cual, desequilibra los poderes del estado. Ahí un grave riesgo: Politizar la justicia.
¿El costo?: el INE aprobó una presupuesto de 13 mil millones de pesos. Millones de boletas quedaron sin usar. Intactas.
Pero ahora es tarde para lágrimas, dado que los resultados de esta operación a corazón abierto al poder judicial lo sabremos en varios años, si es que esta reforma debió suceder o dimos grandes zancadas hacia atrás.
Pese a que Claudia Sheinbaum tiene excelentes números de aprobación, la pregunta se hace sola: ¿comienza a desinflarse la maquinaria electoral?
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