- Hagamos una cadena solidaria para que sea una realidad
Por Luciano Núñez
He intentado mil veces, mas nunca he podido, hacer una calavera. Si pudiera, habría hecho una para cada pérdida de seres queridos que he tenido. Eso sí, siempre tienen un espacio en mi altar de Día de Muertos, que representa el amor a quienes se me adelantaron, porque para mí Halloween es y será una fecha ideada para las compras y las ventas en este capitalismo estrangulador que sale por todos los frentes.
Decía que no se me dan las calaveritas, no tengo mano ni mente para ellas. Por eso pensé escribir algo para recordar a un amigo que extraño mucho, así como lo extrañan la clase política y la misma ciudad: Toño Meckler.

Ya he escrito sobre él, pero irremediables llegan estas fechas y su rostro vuelve a aparecer en mi altar, como en el de amistades que le profesan un cariño especial que supo ganarse con su don de gente y fina lectura de las complejas mareas políticas.
Una calle con salida al mar
Luchó contra los molinos de viento por un Estado mejor, y acaso por eso tenía siempre un Quijote en sus redes sociales, como un rastro de su esencia combativa.
¿Qué diría Toño de esto? me pregunto con asidua frecuencia. ¿Por qué ya nadie denuncia esto? ¿Por qué vuelve esta calaña de políticos y él se ha ido tan rápido?
No entendemos bien a bien el cariño que le tomamos a ciertas personas y la vida no nos deja asimilar que parten, que simplemente “se nos adelantan”, como se dice en el argot de la vida.
Pasaba por una calle innombrable, como lo es el personaje que se adueñó de ese rincón de la ciudad, y me preguntaba: ¿Por qué Toño no tiene al menos una calle, si otros incluso las han robado a la comunidad para hacer negocios particulares?
Y pido no una calle cualquiera, sino una que tenga un espacio verde o una salida al mar, porque el último proyecto en el que trabajaba era para que toda la niñez de Cancún conociera el mar. No fue posible.
No le alcanzó el tiempo. Me lo había dicho convencido en un café de la Nader con una única testigo que ya no recuerdo.
Por eso lanzo, como el mensaje de una botella, esta No-calavera para ver si es posible esa calle, que quizás él nunca hubiese querido, porque así era de sencillo el amigo, y que tendría por demás merecida: por su lucha y su legado, por la manera de asombrarse y de dar la batalla, aunque todo dijese que estaba perdida.
Por eso pido una calle para Toño.




















