Enrique Saínz
(Tercera parte y final)
Hay un devastador cansancio en la cultura, nos dice María Zambrano, cansancio de hallarse el hombre en perpetua búsqueda de esa distante ciudad, y de ello se deriva entonces la resignada conciencia de que sólo es posible el disfrute de lo inmediato, olvidado ya, o en trance de olvido, todo trascendentalismo.
Esas ideas de la ilustre filósofa española dejaron su poderosa impronta en dos grandes poetas y ensayistas cubanos, José Lezama Lima y Cintio Vitier, integrantes de la revista Orígenes (1944-1956) y del grupo homólogo que tanto esplendor y hondura trajo al pensamiento y a la poesía de nuestro idioma.
Ambos fueron sustancialmente influidos por las inolvidables lecciones que desde la cátedra y en los diálogos amistosos impartió esta sabia maestra durante su estancia en La Habana por la época en que escribió los textos que integran este libro.
El hombre europeo no quiso continuar viviendo en el fracaso, señala María Zambrano, y por eso se ha hundido en la agonía y la desesperanza, ha renunciado a su fe en sí mismo y ha comenzado a crear un arte que se caracteriza por lo que ella denomina “la destrucción de las formas”, título del capítulo final de La agonía de Europa.
Como consecuencia de esa crisis, el artista no puede expresar otra imagen de la realidad que no sea la de su destrucción. Han ido deshaciéndose las fuerzas impulsoras del humanismo cristiano y ha comenzado a aparecer una extraña y devastadora voluntad regresiva, de vuelta a lo que la autora llama “contacto con lo sagrado, con la fisis antes del concepto, antes de la filosofía, antes del ser”.
Era un regreso a lo sagrado, a la etapa anterior al pensamiento definidor, objetivante, un regreso a las fuerzas oscuras. En el proceso de humanización iniciado en Grecia y continuado más tarde por el cristianismo, observamos la liberación del hombre y su andar hacia la realización de su porvenir en lo social y en lo espiritual.
La formidable crisis que se produce desde finales del siglo XIX habría de hallar en esa destrucción de las formas –lo que Ortega llama “deshumanización del arte”– un momento culminante, sustancialmente identificado con la violenta destrucción de la realidad operada por las dos guerras mundiales y la Guerra Civil Española.
Al mismo tiempo, tiene lugar el estallido transformador de la revolución rusa de 1917, búsqueda de una utopía, acaso la última con raíces humanistas de la historia de la cultura occidental, finalmente fracasada por el avance de una tecnología que se sustenta en una filosofía pragmática, de tan negativas consecuencias para la vida europea contemporánea, como ya subrayó la ensayista en el libro que ahora comentamos.
En su análisis del romanticismo, expone María Zambrano algunas ideas muy importantes que nos harán comprender mejor aún la crisis del continente que ella ha venido definiendo. La aparición de la vanguardia es a un tiempo el fin de la concepción romántica del mundo –fin que ya había comenzado a cobrar una magnitud inquietante en la estética naturalista y en el positivismo– y el ahondamiento de la perturbadora agonía de Europa en la que se detiene nuestra autora.
Las vanguardias traen de nuevo la máscara, la ruptura de un orden preestablecido por la razón, por la filosofía y, consecuentemente, el individuo retorna a un estado de indiferenciación que se desentiende de todo proceso de objetivación de lo fenoménico, de lo real.
En su libro La confesión: género literario (1943) –gemelo de La agonía de Europa– nos dice la ensayista lo siguiente a propósito del surrealismo: “Pero el surrealismo, a pesar de su carácter poético, no podía por menos que estar contagiado con las creencias más extendidas del momento en que nació, la creencia en que lo psíquico es la realidad humana y así los surrealistas se decidieron a buscar ese centro, esa actividad originaria, por el camino de la psique.
“En este punto, su error se toca con el error del psicoanálisis; los dos acuden a lo que en la psique no es de nadie, a lo que está fuera, al parecer, del sujeto consciente, del dueño que se llama yo. […] Han recaído en lo impersonal simplemente, en algo que es lo contrario de la unidad buscada, de esa coincidencia consigo mismo que alguna vez a lo menos estamos necesitados de saborear.
“Se trata, como puede apreciarse, de la vuelta a un difuso estado inconsciente en el que desaparece el individuo, el yo diferenciado que mira y humaniza la realidad. Nada más irracional que esa imprecisión para percibir los límites de la realidad y el sueño, desaparición del pensamiento, inmersión en el caos, incomprensión de los objetos y sus relaciones, ruptura de las estructuras de la vieja lógica del pensar occidental desde el período de oro de la filosofía griega.
“En resumen, crisis de valores, negación de un saber y liberación de culpabilidades, consecuencia todo ello del fracaso del racionalismo y búsqueda de la superación del empobrecimiento que trajo a la vida espiritual la concepción pragmática del mundo burgués que por entonces, los inicios del siglo xx, se imponía en Europa.
“Contra esa asfixiante atmósfera, se erigieron los extraordinarios textos de Baudelaire, Rimbaud, Lautréamont, antecedentes del surrealismo. Los poetas de ese movimiento renovador no nos dejaron una obra de la significación y la trascendencia de aquellos ni de otros grandes, como Claudel o Saint-John Perse, antítesis del espíritu decadente que subyacía en creadores como André Bretón.
“De esos presupuestos teóricos surgen más tarde otras expresiones de esa oscura agonía del hombre occidental, expresiones que llevan hasta sus últimas consecuencias la pérdida de la integridad del individuo. Acaso la mayor crisis esté en nuestro alejamiento de Dios, cada día más distante, menos visible en el pasado, en el presente y en el porvenir.”
En La agonía de Europa, este libro fundamental de María Zambrano, hemos aprendido que tenemos que volver a buscar la ciudad de Dios, reiniciar el camino hacia el Paraíso que una vez perdimos y que buscamos tanto tiempo, del que fuimos apartados por tanta banalidad y tantas ilusiones vanas.
Por todo ello es un libro esencial, imprescindible en los tiempos que corren, cuando el clima general de la cultura de Occidente se ha enrarecido aún más que en los años en que ella nos llamaba a la reflexión y el conocimiento.
Enrique Saínz (La Habana, Cuba, 1941-2022). Autor de, entre otros libros fundamentales de ensayos críticos: Diálogos con la poesía, La obra poética de Cintio Vitier, Indagaciones, La poesía de Virgilio Piñera: ensayo de aproximación, Silvestre de Balboa y la literatura cubana, La literatura cubana de 1700 a 1790, y Trayectoria poética y crítica de Regino Boti.
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