El ex diputado escribió estas sentidas líneas para el 48 aniversario de la creación de Quintana Roo como estado libre y soberano.

 

 

 

Por Pedro Flota Alcocer

 

Acercándonos al primer medio siglo de vida soberana, los quintanarroenses vivimos momentos inéditos en nuestras condiciones de desarrollo, en la vida social del Estado y en la movilidad política de la entidad.

En estos 48 años que hoy festejamos, el Quintana Roo de 1974, producto de las luchas del Comité Pro-territorio, de los pocos hijos ilustrados con que entonces contaba y de la decisión visionaria de un Presidente cuestionado por la historia pero a quien los quintanarroenses le debemos, es muy diferente al de este 2022.

El crecimiento de su infraestructura, de su población y de su economía, se equiparan a sus disparidades regionales: el centro y sur del Estado siguen en el rezago económico, a pesar de ser origen y raíz de nuestra identidad.

El alucinante éxito turístico y su vértigo se contrasta con la vida apacible  y sosegada del sur profundo, de los campos agrícolas, de las comunidades mayas y su sincretismo. Pero ese parece ser nuestro sino, el claroscuro, la diferencia, la mezcla de todo con un tronco común: una tierra milenaria y enigmática, salvaje y cosmopolita a golpe de peregrinajes, ¡eso es Quintana Roo!

Orígenes

Pero al margen de las descripciones de nuestra actualidad y de los obligados festejos por la efeméride, me quedo con la revisión de nuestros orígenes y sus referentes históricos, sus fechas y los nombres de quienes las protagonizaron pero como un ejercicio de recordación emotiva más que como la consignación de los hechos, porque creo en la fuerza de los sentimientos, en el poder de los deseos para hacer avanzar a los pueblos.

Así es que, en la fecha de hoy, 8 de octubre de 2022, a 48 años de su erección como Estado Libre y Soberano, quiero festejar a Quintana Roo con alegorías y metáforas, quisiera poder cantarle como el poeta argentino, con su Canción de Cuna, o como nuestros juglares inmortalizados en el himno que inflama nuestros pechos en cada ocasión cívica; es mi deseo recuperar los sonidos de las olas de la larga costa quintanarroense, el sabor de su pesca, la paz de sus atardeceres y la violencia de sus tormentas; quiero siempre poder recorrer los rumbos de los Chunes, las lejanías del Punto Put y Puerto Arturo y comer los simples manjares que salen de sus manos mayas; es mi aspiración ver a Quintana Roo cada vez más grande, más justo con sus hijos, más libre.

Hoy, las cosas han cambiado, los rostros y los modos. Algunos ya se fueron, llegaron unos y otros acá seguimos, pero a todos se nos convoca a seguir construyendo, a seguir avanzando con justicia, con paz, con equidad.

Es hora de sumar. Es hora de honrar el cantar cuando dice “la tenacidad como virtud”.

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