Venden niñas de 12 años a cambio de reses, maíz o frijoles bajo “usos y costumbres”.

Niñas de 12 años son vendidas por sus familias, que obtienen a cambio reses, maíz o frijoles.
Bajo la modalidad de “usos y costumbres” esta práctica de tráfico humano subsiste en poblados del estado del Sureste.

Luciano Núñez

Oaxaca, Espinazo del diablo. Oaxaca es un edén, y detrás de él, está la sombra. Cuando María tenía 12 años fue vendida por sus padres a un hombre de 40 años que, para obtener su posesión, entregó una tonelada de maíz, cuatro reses y dos costales de frijol. Niña aún, tenía que cocinar, hacer el aseo de la casa, satisfacer los deseos sexuales de su esposo y tolerar borracheras y habituales golpizas de su marido. La de esta mujer es una historia difícil de creer en pleno siglo XXI: la venta de seres humanos todavía es una práctica que es común en ciertos poblados de este estado del Sureste de México, que es tan hermoso como pobre, dueño de una cultura tan única y fascinante como tenebrosa en sus fauces más recónditas.

Trabajo de 12 horas

Conocí a María porque el destino, o quizás, por esas fuerzas invisibles que jamás entendemos, pero que existen, la puso detrás del carro que renté con mi pareja para conocer Oaxaca, semanas atrás.

Un muchacho flaco que atiende una de las casetas, extiende el cuello y pregunta si podemos dar raid a una compañera hasta la próxima caseta. Le pregunto si puede dar fe por ella y no duda. “Es de toda confianza”, dice.

Ella aparece en nuestro campo visual por primera vez y parece todavía una niña: no supera el metro y medio de estatura. Se ubica en el asiento trasero izquierdo para saludar y agradecer, junto a una pequeña bolsa que, intuyo, son sus enseres personales: volverá recién al otro día a su hogar por una paga que no supera los 1,500 pesos quincenales. Dice que no alcanza a llegar para atender a sus hijos, limpiar la casa y volver a la rutina del trabajo. ¿Cuánto duermes?, le pregunto. “Quizás dos horas, a veces una, no sé en verdad cuánto duermo”, narra.

Mientras hacemos zigzag por el Espinazo del Diablo, una carretera que conecta las paradisíacas playas de Zipolite con Huatulco, desde la que se ve la majestuosidad del paisaje, las plantaciones de maguey y los colores que parecen salidos de una cuadro impresionistas, María empieza a contar su historia.

Trabaja de corrido toda la noche: su entrada es las 10 de la noche y saldrá al otro día para ir a ver a sus dos hijos, donde vive sola, después de que lograra escapar de su antigua familia, donde vivió un verdadero infierno desde que perdió buena parte de su infancia.

No sólo María en su familia fue víctima de este tráfico humano: su madre también había sido vendida muchos años atrás. El esposo (padre de María) pagó tres cabezas de res y dos costales de frijoles, cuando su madre tenía, igual que ella, 12 años.

María cuenta que su madre tuvo a 9 hijos e hijas, de las cuales, al menos tres fueron a parar a hogares conformados por hombres que querían una compañera/esclava, amparados en los “usos y costumbres de la zona”.

Escape y cortar la cadena

Con toda tranquilidad y habiendo superado todo obstáculo y golpes de la vida, dice que gracias al avance de las leyes, algunas niñas logran escapar de esta práctica; y otras, prefieren la sumisión a cambio de tener un techo y comida seguros.

Su madre permaneció con el hombre que pagó por su niñez y, actualmente, vive con él.

En cambio, ella un día se cansó de las golpizas, del trato inhumano que le daba su pareja y una tía la ayudó a escapar con su hija a la Ciudad de México. Desde allí logró su libertad y la de su hija; años después, formó pareja con un hombre con el que tuvo a su segundo hijo. Sin embargo, él decidió pasar la frontera a Estados Unidos para enviar dinero, como lo hacen miles de oaxaqueños, pero ese pacto duró poco: el hombre la ayudó por unos meses y, aunque había amor, la distancia acabó con el lazo entre Rosa y él.

En varias conferencias “Mañaneras” del ex presidente, Andrés Manuel López Obrador (AMLO) abordó el tema de trata de niñas en comunidades, particularmente en la montaña de Guerrero. Sus declaraciones generaron una fuerte polémica debido a la perspectiva con la que manejó el problema. Obrador argumentó que vincular estos delitos a los “usos y costumbres” de los pueblos indígenas, respondía a una tendencia «clasista y racista» de los medios de comunicación y de sectores de la oposición para acusar a estas comunidades de «todos los males”. En Quintana Roo no se documentó la venta, pero sí el embarazo precoz, producto de una costumbre de la cultura maya.

“No quiero esa vida para mi hija”

Ahora, la mujer de talla S, dice que en su familia hay muchas presiones para que entregue a su hija a un hombre que busca esposa, así como ocurrió con su madre y ella misma. “Yo ya les dije que no, que si insisten me voy a Oaxaca de Juárez a pedir ayuda para mi hija. No quiero eso para ella”, dice con total firmeza. “Para ella no quiero lo que vivió mi madre y lo que viví yo”, asegura.

Pasamos tres puentes donde el paisaje exterior cambia. Esta modalidad de venta amparada en los “usos y costumbres” obliga a mirar al interior, a pensar que esta venta humana no debería estar pasando, después de que la humanidad ha logrado la protección del ser humano en todas sus formas.

Oaxaca nos sigue pareciendo un Estado edénico, con seres humanos amables y gente trabajadora, con un brillo pueblerino en la mirada; pero también, donde superviven prácticas que deben ser erradicadas, para que la hija de María no repita la misma historia.

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Luciano Núñez
Desertor de las oficinas, Luciano Núñez (Tucumán, Argentina, 1976) es un escritor, periodista y editor que nació en Juan Bautista Alberdi, Tucumán, Argentina, y está radicado en Cancún, Quintana Roo, México.  Ha escrito los libros Voces que vuelven (periodismo cultural), Tan lejos y otra vez en casa (poesía), la novela Magnificens Cancún (Editorial MAPorrúa), el poemario Genuinos son los lunes y Crónicas desde Cuba. Licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Catamarca, UNCA, trabajó en varios medios de comunicación de Argentina y México, además de la agencia internacional EFE.  Fue servidor público en Cancún y Playa del Carmen, donde se desempeñó como director de Comunicación Social.  Tenista y melómano, es director y fundador del portal Grupo Pirámide y la página cultural Vértice.

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