Por David Lara Catalán

“Al fin y al cabo, en las sociedades burocratizadas y aburguesadas, es adulto quien se conforma con vivir menos para no tener que morir tanto. Empero, el secreto de la juventud es éste: vida quiere decir arriesgarse a la muerte; y furia de vivir quiere decir vivir la dificultad”.

Edgar Morin

(La cita aparece en el libro de Igor Caruso: La separación de los amantes)

El dios romano Jano es la deidad, según los expertos, que “está en medio”: Tiene una cara hacia el pasado y otra hacia el futuro. Es el dios de los cambios y las transformaciones.

Me gusta esta figura porque me parece sirve para ejemplificar, por un lado, el tiempo futuro, cargado de incertidumbre, por eso tal vez genera resistencias, miedos, evasiones.

Un lugar donde la memoria acude

Por otra parte, el pasado ilustra, a pesar de lo patético que haya sido, un refugio, un lugar donde la memoria acude cada vez que no sabe qué hacer con lo que vive en su presente.

La memoria sabe hacer “trampa” para sentirse bajo cubierta, pero al mismo tiempo, inhibe nuevas experiencias y otras formas de hacer, de aprender.

Desde luego que, para algunas personas, lo doloroso o frustrante del pasado es mejor que la incertidumbre del porvenir. Suele ser mejor la inactividad que el riesgo. La conducta patológica apunta, sin lugar a duda, a mirar reiterativamente hacia el pasado.

Tom Hanks

Después de esta introducción, me quiero referir a la película “Un hombre llamado Otto” («Un vecino gruñón, en México). Una película estelarizada por Tom Hanks, y que bien podría dar luz a varios asuntos que vivimos en nuestras sociedades de modo cotidiano.

Temas como la muerte, y no precisamente la física, apatía, resiliencia, fuerza de voluntad, neurosis, tienen de modo sutil un estrecho vínculo con el desarrollo del personaje llamado Otto.

La película, si bien contiene una historia de amor, también es una historia de dolor por la pérdida del ser amado, así también es una historia de no querer o no saber mirar hacia el futuro, un magnífico ejemplo de cómo aferrarse a lo que se vivió pero que ya no existe más.

Por eso la frase de Edgar Morin citada al principio de este artículo resuena de modo contundente en nuestras historias personales y colectivas.

Creo que sería interesante preguntarnos a nosotros mismos por nuestra “furia de vivir”, nuestra “furia por hacer”, por superar de modo honesto y congruente nuestros fracasos, porque justamente ahí reside el secreto de la juventud.

Una juventud que no es precisamente una cuestión de años, sino de esa fuerza de voluntad para superar incluso la más grande de las pérdidas que podamos experimentar.

Solo para la reflexión personal: ¿Cuál de las dos caras de Jano describen su personalidad?

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