La oposición ni siquiera ha volteado a ver los modelos conservadores de la región, que representan, hoy por hoy, Javier Milei y Nayib Bukele.

Se encamina el oficialismo en Quintana Roo a un rotundo triunfo en casi todos los frentes.

Luciano NúñezPor Luciano Núñez

Habría que remontarse hasta 1976, cuando ganó la presidencia de México José López Portillo, para encontrar una elección presidencial tan desigual como la que estamos viviendo. Más que nada, por la pobreza ideológica de la oposición. Ese año, el ganador se impuso con el 93.5 de los votos; después, ganó Miguel de la Madrid, en 1982, con el 70.9 de los votos, contra el lema de Pablo Emilio Madero, “Viva Madero, que viva”.

La aparición del PARM, con Cuauhtémoc Cárdenas como candidato, equilibró la balanza para que Carlos Salinas de Gortari apenas ganara con 50.36 por ciento, en aquel famoso apagón del sistema de cómputo electoral en 1988.

Cuauhtémoc Cárdenas

Hacia la derecha

Desde ahí México comenzaba a torcer la ideología, ante la aparición de personajes que marcan hoy el derrotero del país, con la conformación del PRD, para la siguiente elección, en la que ese pastel electoral comenzaría a dividirse.

Para la elección de 1994, en la que Ernesto Zedillo se impuso con el 48.6 de los votos, el PAN avanzó al 25 por ciento de los votos (nueve millones), para que el bloque conservador sentara bases. Con esa base firme todo estaba listo para el giro ideológico que llegaría en el año 2000, con Vicente Fox Quezada, que ganó por el PAN con el 42 por ciento de los votos. Ya con AMLO en la boleta, el 2006, fue un empate técnico con 35.3 por ciento para el bloque de izquierda y 35.8 para la derecha, con Felipe Calderón Hinojosa. Es de recordar la campaña de miedo: “López Obrador es un peligro para México”.

Vicente Fox (Izq.) y Ernesto Zedillo (Der.)

Con una campaña bien planteada, el PRI volvió a recuperar terreno en 2012 con Enrique Peña Nieto, hasta que llegó el turno de la izquierda con Andrés Manuel López Obrador, en 2018, con más de 30 millones de votos en una histórica elección con 63.4 de participación.

Enrique Peña Nieto

¿Qué ha pasado en los últimos años con la oposición que la elección se encamina a una aplastante victoria del oficialismo?

Por una parte, está el análisis macroeconómico del país. México alcanzó su último año del sexenio con una moneda fuerte, aumento en el salario mínimo, confianza para la inversión extranjera y un crecimiento sostenido, que se estima en un 3.5 por ciento anual, si tenemos en cuenta que en América Latina el promedio de crecimiento de América del Sur fue en 2023 de 1.5 por ciento, según datos de la La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL).

La inflación ha sido una variable que el gobierno ha sabido mantener en niveles aceptables y el Sureste de México vivió un despegue inédito en los últimos 100 años, con obra pública en todos los frentes. Es decir, el debate por ese frente está ampliamente ganado por el oficialismo.

Por otra parte, el ala conservadora de México ni siquiera ha tenido los reflejos de imitar lo que pasa en el panorama Latinoamericano. Los gobiernos conservadores y de derecha o ultraderecha de la región, llámese Javier Milei o Nayib Bukele, han planteado ideas extremas ante gobiernos de izquierda que no han ofrecido resultados en el plano económico y, sobre todo, en seguridad.

Milei ofreció en campaña la dolarización del país, algo que todavía no ha llegado, sin embargo, Argentina mantiene disparada la inflación tanto como el gobierno anterior; Bukele ha concentrado todo a la mano dura en materia de seguridad: le ha funcionado para reelegirse. En pocas palabras, hay una apuesta de bloque conservador, en cual, en México ha desaparecido o ha hecho aguas con una candidata errática como Xóchitl Gálvez, que no sabe comunicar, que no alcanza a plasmar ideas concretas, las cuales, o han sido ya aplicadas fallidamente por sus referentes o, van en el sentido de lo que plantea la candidata oficialista, Claudia Sheinbaum, como el reforzamiento de los programas sociales.

La democracia se asienta en el contraste de ideas, algo que en esta avanzada campaña presidencial no hemos visto. Días atrás salió un llamado al voto útil. ¿Quién representa el voto útil? Quizás Movimiento Ciudadano en ese sentido logre un posicionamiento inédito en el esta de situación política del país, dado que podría captar el voto que concentra el rechazo al oficialismo, pero que no ha sido convencido por los débiles argumentos del PAN-PRI.

Arrancan las campañas por las presidencias municipales

Hoy arrancan las campañas locales de las presidencias municipales, en las que salvo Jorge Portilla, en Tulum; Lili Campos, en Solidaridad y Pedro Joaquín Delbouis, en Cozumel, están en condiciones reales de combatir, el resto, será un día de campo para el oficialismo.

Portilla tiene a su favor el arraigo como la calamitosa gestión de Diego Castañón, quien gobierna con foráneos e instrucciones desde fuera del estado. Campos, por el contrario, ha hecho una buena gestión, sobre todo en seguridad y orden en las finanzas. José Luis Chacón no debería tener problemas en ganar, salgo que Cozumel se cuece aparte. Ahí existen todavía estructuras del PRI y del PAN, que pudrían hacer al menos competitiva la elección.

En Cancún el reto para Ana Paty Peralta será lograr un alto porcentaje de votos que la ubique como legítima aspirante a la gubernatura; Blanca Merari está en plenas condiciones de reelección, al igual que Mary Hernández, en Felipe Carrillo Puerto, Atenea Gómez, en Isla Mujeres; Yensunni Martínez, en Othón P. Blanco y José Alfredo Contreras Méndez, en Bacalar.

Ana Paty Peralta

En Lázaro Cárdenas se espera que Nivardo Mena gane la presidencia y, en José María Morelos, Erick Noe Borges Yam, ambos por el oficialismo. Ninguna sorpresa por ahí.

En las candidaturas federales, con Roberto Palazuelos bailoteando y ofreciendo abrazos, Eugenio “Gino” Segura no hará más que arrasar por la senaduría y el panorama es que, entre el Partido Verde y Morena, se queden con los cuatro distritos. Acaso la sorpresa sería que el partido del Tucán se quede con el distrito 1, de Juan Carillo y el III, con Yamili Góngora, una candidata de arraigo y de familia pionera de Cancún.

Por ello, decía que habría que remontarse a 48 años atrás para tener una elección como la que hoy vivimos: con una supremacía que asombra.

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