
Por Luciano Núñez
Gén 3:23
Y lo sacó Jehová del huerto del Edén, para que labrase la tierra de que fue tomado.
La construcción del hotel del Grupo Solaris —a un costado de Playa Delfines— puso nuevamente un tema álgido sobre la mesa: la reducción de accesos a playas públicas para la ciudadanía.
No es un tema nuevo, desde luego. A pocos metros de Solaris, un grupo empresarial italiano intentó desarrollar hace unos años el complejo BI & DI, que se topó con la resistencia ciudadana y le fue devuelta su inversión por el organismo federal Fonatur, con juicio de por medio. Sin embargo, el espacio es demasiado hermoso para no ser codiciado por los hoteleros.
¿Qué ha ocurrido para que las playas sean reductos cada vez más estrechos a los cuales acceder? Una cadena histórica de corrupción lo ha permitido, violando las normativas y el Plan Maestro con el que se creó Cancún.

Ciudad Planeada y modificada
Cancún es un Centro Integralmente Planeada (CIP) creado por Infratur, a la postre, Fonatur. Fue el primero en su clase y actualmente existen otros desarrollos como Huatulco, Ixtapa, Loreto, Los Cabos, Marina Cozumel, Costa Capomo y Playa Espíritu.
Este programa contempló, desde su nacimiento, el número de cuartos de hotel, así como los accesos a las playas, sin embargo, el éxito atrajo a más inversores y los sucesivos gobiernos fueron modificando sus reglamentaciones para poder dar paso a hoteles de cada vez mayor calado. El CIP previó para el año 2000 un máximo de 22 mil cuartos de hotel; sin embargo, el número fue ampliamente superado (ver columna anterior).
Está el emblemático caso del complejo Bay View Grand, con altas torres que modificaron la fisonomía de Cancún (en su momento se discutió que contravenía el límite de altura); y en Playa Ballenas, los desarrollos Secrets. No son los únicos, por supuesto, ni serán los últimos.

Así, los espacios públicos de playa se han reducido, debido a que los hoteles obtienen las concesiones y limitan así el uso y aprovechamiento de los ciudadanos. En pocas palabras: para obtener un espacio privilegiado de las playas hay que estar alojado en el hotel. Incluso, hay algunos que limitaron el paso por Zona Federal con cuerdas y construcciones: todo se puede cuando hay dinero de por medio. Esto ocurre particularmente en la zona del emblemático Faro de Punta Cancún, al que hay que pedir permiso la seguridad del hotel para acceder.
¿Qué ha permitido esto? Por un lado, las modificaciones a los Programas de Desarrollo Urbano (PDU), con la fusión de terrenos —incluso con usos de suelo diferentes—, como en el caso de Solaris, dado que allí existían dos tipos de usos: de servicios y privado.
Una fuente consultada sobre el tema, asegura que los permisos no resisten un análisis serio. ¿Cómo lograron permisos de construcción a pocos metros donde desovan las tortugas laud? Solo se explicaría buscando el rastro del dinero.

¿Cómo lograron autorización para 450 cuartos?
De acuerdo con un documento enviado a esta redacción, el proyecto no cumple con la densidad asignada de 240 cuartos por hectárea, por lo tanto, sobredensifica la zona. La ubicación del predio presentada por el promovente, 17 mil 752.31 metros cuadrados, se encuentran dentro del PDU del Centro de Población de Cancún (CPC) con uso de suelo TH/15/P, por lo que le corresponde un máximo de 426.06 cuartos; en cambio, pretende construir el equivalente 452 cuartos, algo que contraviene el programa que le es aplicable.
En otro tramo, la normativa vigente señala que el 50 por ciento de área sin edificaciones debe ser área verde. En ese aspecto, Solaris no cumple este parámetro: las áreas sin edificaciones suman 11 mil 556.64 metros cuadrados, por lo que el 50 por ciento sería 5 mil 778.32. Al contemplar Solaris 2 mil 355.26 metros cuadrados, el proyecto estaría incumpliendo con ese aspecto del PDU-CPC.

El proyecto asegura que el predio carece de vegetación desde hace 17 años, sin embargo, en la misma Manifestación de Impacto Ambiental (MIA) se establece que hay vegetación.

Dos antecedentes a favor de la ciudadanía
El primero a favor de los ciudadanos fue la negativa a devastar el Ombligo Verde, en la supermanzana 32, durante el trienio 2008-2011. Hubo marchas y manifestaciones hasta que la obra se detuvo, claro está, después de haber sido arrasado este pulmón de la zona donde encontraron una pitón, entre otras especies. El lugar sin embargo, nobleza de la natura, logró recuperarse.
Recientemente, los ciudadanos ganaron la cruzada por detener las obras en Malecón Cancún, donde quedó demostrada la erradicación de especies autóctonas, la devastación de manglares y, todo esto obviamente, autorizado por autoridades federales.
El gobierno municipal de Remberto Estada, que permitió el ecocidio de Malecón, ahora le dejó una bomba de tiempo a la presente administración de Mara Lezama, ya que con todo dolo aprobó el desarrollo Solaris tres días antes de terminar su (des)gobierno. Un problema —que tiene fundamento social en la pérdida gradual de espacios— son las playas, esto, sin hablar de la falta de soporte acerca de la dotación de servicios: agua y luz, además del manejo de aguas residuales, cajones de estacionamiento y tráfico vehicular, saturado en ciertos horarios.

En pocas palabras
Ahora, ¿tienen razones y argumentos jurídicos a su favor los hoteleros de Solaris?: sí. Ganaron en las instancias judiciales y compraron su lote en 2004, así como usted ha comprado su casa en lo que antes era una selva, con toda seguridad. Pero, por otro lado, estas razones de derecho privado se topan con la cadena de aberraciones jurídicas que se fraguaron anteriormente para autorizar más construcciones de las permitidas, como se dijo, entre otras: la fusión de terrenos de distintas vocaciones, las ampliaciones y aumento en la altura de los edificios.
A pocos meses de entrar al gobierno, Arturo Abreu Marín, dijo que la obra tendría que cancelarse, “valga lo que valga”, aseveró. Todo parecería depender ahora de una decisión de máximo nivel para dar marcha atrás o someter el futuro político de Morena en Quintana Roo a un proyecto hotelero.
Existe un triste y extenso historial de modificaciones al PDU y laxitudes legaloides en aras de favorecer a los grupos hoteleros —primeros en despedir a los empleados en contingencia—, pese a los perjuicios ecológicos y sociales que esto trajo a Cancún; como si la población estuviera siendo desterrada de este paraíso que ayudó a construir en tiempos edénicos.
Sólo resta analizar (nos) sobre cuál ha sido el pecado.
******
* Es técnico en Periodismo y licenciado en Comunicación Social por la Universidad Nacional de Catamarca, Argentina. Postgrado de Opinión Pública por FLACSO y diplomado de géneros periodísticos en La Salle, Cancún.
Trabajó en medios de comunicación de Argentina y México y publicó los libros Voces que Vuelven y Tan Lejos y Otra Vez en Casa.
Fue director de Comunicación Social en Benito Juárez, Cancún.
Actualmente director general de Grupo Pirámide.
Nadería anterior:




















