Por Fernando Castro Borges
Existen premios que dan prestigio mundial, que elevan a la cúspide a una actividad humana, y el galardón más importante en la industria musical es el Premio Polar de la música, el cual esta considerado como el «Nobel de la Música».
Este reconocimiento anual nació en 1989, gracias a una donación que el productor musical “Stikkan” Anderson hiciera a la Real Academia Sueca de Música. Este premio tiene el objetivo de reconocer, anualmente, los logros excepcionales en el ámbito musical.

El nombre proviene del sello discográfico Polar Music, perteneciente a Stig Anderson, quien falleciera en 1997; dejando como legado la producción discográfica del grupo ABBA.
The Polar Music Prize sigue un formato muy similar al de los Premios Nobel: anuncia a los ganadores con antelación y el galardón les es entregado en Suecia varios meses después, en presencia de su majestad Carlos XVI Gustavo de Suecia, en una ceremonia absolutamente protocolaria donde se entregan dos distinciones en cada edición, una para la música clásica o jazz y otra para artistas de pop o rock.
Grandes exponentes han recibido este galardón como son: Paul McCartney, Ennio Morricone, Pink Floyd, Bob Dylan, Sting, Yo-Yo Ma, Paul Simon, Youssou N´Dour, Bjórk, la banda Metallica, el compositor Gyógy Ligeti, la violinista Anne-Sophie Mutter y continúa la lista de grandes exponentes de la música.
Este año han anunciado que, por la pandemia que azota a nuestro planeta, se difiere hasta el próximo año la ceremonia donde premiaran a dos mujeres extraordinarias: la soprano rusa Anna Netrebko, una de las más reconocidas exponentes en el mundo de la ópera y a Diane Warren, quien es una de las compositoras más reconocidas de los últimos cuarenta años.

Esta diva es la figura más importante de los escenarios donde se exhibe ópera actualmente. Sus representaciones se convierten en el máximo referente de la música lírica de nuestro tiempo.
Netrebko asombra con sus dotes musicales, conmueve y nos envuelve con su canto, hasta entrar en un mundo mágico, recreando ambientes que nos lleva a una travesía que exalta a los sentidos.
Ha sido ovacionada en los más prestigiosos teatros y salas del mundo, nos regala una voz preciosa y precisa. Es un privilegio escucharla en Casta Diva de Bellini o La Bohéme de Piccini o su conmovedora interpretación que hace de Lady McBeth de Verdi. Anna Netrebko no tiene comparación con nadie. Es la Soprano de este siglo.

La compositora norteamericana Diane Warren es una mujer incansable, ha sido reconocida por la industria musical desde la década de los ochenta; sus canciones han sido interpretadas por los más reconocidos artistas de nuestra generación: Joe Cocker, Toni Braxton, Michael Bolton, Whitney Houston, Kiss, Celine Dion, Lady Gaga y Christina Aguilera, solo por mencionar algunos.
Ha incursionado como compositora de temas para películas sumamente exitosas. Cómo olvidar I Don´t Want to Miss a Thing de la película Armageddon, interpretada majestuosamente por Aerosmith; otra de las canciones que aun recordamos Nothing gonna stop us now, de la película ochentera Me enamoré de un maniquí.
Warren se ha caracterizado por su perfeccionismo a la hora de escribir, siempre deseando que cada una de sus canciones sean algo espectacular, que la primera sorprendida sea ella. De ahí su nivel de exigencia.
El éxito en sus melodías radica en una triada indisoluble: debe tener una gran melodía, una muy buena letra, y su relación entre éstas debe ser conciliadora, armónica entre el mensaje y la melodía, buscando el fin de penetrar en lo más sensible de quien lo escucha
Este año, los Polar Music Prize han escogido a dos mujeres excepcionales que disfrutan lo que hacen y se esfuerzan en cada momento para mejorar. Su trabajo es admirado y reconocido. Artistas que consiguen el máximo reconocimiento, donde la dedicación y pasión ha sido la constante del éxito. Son un ejemplo mundial de constancia y de creación a partir de un alma positiva.
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