
Por Jaguar Negro
Si bien la burbuja inmobiliaria de Tulum iba a explotar en algún momento, el alcalde que le tocó a Tulum, Diego Castañón, hizo todo lo posible para que eso ocurriera antes.
Su gabinete es un rejunte de personajes altamente cuestionados, ya sea en el gobierno de Roberto Borge como en el de Carlos Joaquín, algunos incluso con carpetas de investigación a quienes, desde este portal, se han denunciado desde hace tiempo por el despojo de tierras o maniobras poco claras.
Como también fue exhibida por Grupo Pirámide la manera burda en la que, con un papel de dos cuartillas expedidas por Desarrollo Urbano, una empresa construyó un edificio de siete niveles en una zona de protección ambiental, y tuvo que venir el gobierno federal, y después estatal, a clausurar la obra que seguía sin verificación, lo que era un acto de corrupción más evidente que un elefante blanco en una habitación. Lo increíble es que el responsable sigue en su cargo y se presenta a las “Semaneras” con total apoyo del presidente municipal.
No toda la culpa es del alcalde: desde hace años las fiestas electrónicas, con toda la inseguridad y venta de sustancias ilegales, han abonado a un terreno de alta violencia y poco ingreso para las arcas. El regidor Jorge Portilla solicitó meses atrás en cabildo el detalle de lo que ingresa por todas esas megafiesas y la respuesta fue 0. Circula mucho dinero, eso sí, pero no en las arcas. ¿De dónde entonces surgiría el recursos para calles y avenidas que no hay?
Rezagos e intervención
Aunado a ello, el rezago de servicios es más que notorio: con solo transitar unas calles fuera del centro de Tulum, se pueden ver la falta de pavimentación, de drenaje e incluso de recolección de basura.
Lo concreto es que deberá intervenir tanto el gobierno federal como estatal para dar rectoría a un caos evidente. Y lo principal es que el gobierno municipal necesita un nuevo gabinete, uno que no permita desatinos estruendosos como impedir que la gente lleve una hielera a la playa, quizás lo óptimo sería que el alcalde siga su carrera futbolística de «cascarita» en Monterrey, donde pasa gran parte de la semana y, donde, aseguran, va cada semana en avión privado desde Cancún.
Ya si las autoridades no piden su cabeza, al menos deberían recomendarle que, por empezar, el responsables del caos inmobiliario y de permisos “patito” para construir, debe estar en donde no le generen problemas al municipio ni a la gobernabilidad.
Será una decisión que deberá tomarse cuanto antes, porque los medios nacionales están acelerando la caída de la imagen del destino. Todos los medios hablan de algo que, desde hace un tiempo, era más que evidente. Sin embargo, el alcalde siguió el consejo de su grupo de asesores de calamitoso pasado.
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