
Por Jaguar Negro
El Tribunal Electoral de Quintana Roo, Teqroo, se ha visto involucrado en dos causas “difíciles de creer”, como rezaba la frase de aquel extinto programa de TV.
La primera tiene que ver con la defensa a ultranza de Luis Gamero Barranco, actual secretario del ayuntamiento de Othón P. Blanco, quien le había intentado bloquear el paso a la actual alcaldesa, Yensunni Martínez. Todavía no se entiende cómo es que pudo regresar al ruedo político en tiempos de empoderamiento femenino y encendidos discursos a favor de las mujeres: está inhabilitado y exhibido en el padrón nacional de personas que ejercieron Violencia Política de Género (VPG).
Las cruzadas
La segunda tiene que ver con el intento de resucitar al partido MAS (Movimiento Auténtico Social), pero con cifras de 2022. Algo que no se entendía cuando acababa de suceder una elección que, desde luego, debió tomarse, de acuerdo con la ley, esto, para saber si el instituto político seguía con vida o no.
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Lo “difícil de creer” es que el magistrado presidente, Sergio Avilés Demeneghi estuviera al frente de ambas “cruzadas”, pero en las dos topó con la dura pared de la sala regional de Xalapa, que le dijo dos veces que no: a devolverle los derechos políticos a Gamero Barranco, y ahora, al MAS, que deberá sumarse a la fila de los partidos extintos en Quintana Roo, como el PRD.
Lo “difícil de creer”, abusando ya de la frase, es que el Avilés Demeneghi siga ejerciendo funciones de magistrado presidente, cuando es bastante obvio y evidente que tiene su corazoncito está con ciertas causas. “¿Habrá devolución de lo invertido?” (al buen entendedor basta un chiflido).
Así está nuestra legalidad electoral en Quintana Roo; de la otra, mejor no hablar…




















