
Por Jaguar Negro
Cancún, Quintana Roo. Quien ha trabajado en el complejo (y eso sí, maravilloso) mundo de la política sabe, por experiencias propias o ajenas, que es un terreno minado que suele estar plagado de numerosas ingratitudes y contadas gratitudes.
El objetivo de los políticos es ganar y alcanzar el éxito a como dé lugar: con alianzas inconfesables, tratos bajo la mesa, despidos y pedir y pedir favores y prometer y prometer lo que nunca se cumplirá.
Pareciera un círculo vicioso que no para, y por ello, no es azaroso que la política ha desanimado a gran parte de la juventud.
Si se mira, por ejemplo, a la Esperanza de México: Morena, en gran parte es un rejunte de personajes de otros partidos que han comprado candidaturas, han prometido plazas y acuerdos, porque lo importante es llegar.
La amnesia política todo lo curará
Y el pasado proceso electoral no ha sido la excepción. No son pocos heridos de batalla que sacaron la casta en la elección, para que ahora sean banqueados y cambiados por arribistas, compromisos con altas esferas política y nuevos amigos, los que se arremolinan como siempre al que gana, los que presentan jugosos negocios y tienen nuevas palancas.
El soldado de guerra irá al hospital a sanar heridas para comenzar de nuevo por otro rumbo, eso sí, sabiendo que la política es un camino en el que, la probabilidad más amplia es terminar en la banca o el hospital, que recibir el justo pago por soportar las balas y granadas.
Un homenaje a los héroes caídos en combate de campaña.




















