David Lara Catalán


Los rusos, es decir, los políticos y los hackers rusos han sido el tema de conversación en los ámbitos políticos del mundo por ya mucho tiempo. Están en todas partes. Ya hicieron acto de presencia y favorecieron el Brexit, según algunas voces en el Reino Unido. Asimismo, hicieron su gracia en el pasado proceso electoral en los Estados Unidos, acusan algunos otros. Ya se especula que mucho tendrán que ver en el próximo proceso electoral en el mes de Julio en México. Se aliaron con López Obrador, aseguran varias fuentes. Así que si AMLO gana: fueron los rusos, si AMLO pierde ¿fueron los rusos?

Si gana el PRI se dirá que se venció no sólo el enojo y la frustración de los electores sino también ¿adivinen qué? Fueron los rusos. Y si pierde, claro los rusos también serán la excusa. Me pregunto: ¿serán los rusos también los culpables de nuestra pobreza, ignorancia y corrupción? Sólo por citar tres ejemplos.
Esto de tirar culpas es una de las grandes facultades humanas, sucede con los niños, particularmente, cuando no quieren asumir la responsabilidad de sus actos. Lamentablemente sucede también con los adultos y los muy adultos. ¿Será que somos una sociedad de adultos con una moralidad infantil? ¿No hemos crecido? ¿Seremos algún día mayores de edad? Desde luego, no se puede generalizar. Sin embargo, una buena parte de la población tiende a este esquema infantil.
Por otra parte, aprovechando la ignorancia y la enorme capacidad imaginativa de grandes segmentos poblacionales hace muchos años algunas figuras funcionaron para distraer y confundir, mucho me temo que aún siguen vigentes aunque con nuevas incorporaciones, por ejemplo: el chupa cabras, los ovnis, los marineros que pasaron meses perdidos en alta mar y regresaron sin quemaduras en la piel ni síntomas de deshidratación, los presos políticos acusados de corrupción, muy propios de la coyuntura electoral y como ejemplos clarísimos de un interés por la justicia, y ahora son nada más y nada menos que los rusos los que habrán de operar el próximo proceso electoral mexicano.
Hablemos de alfabetización: Según el INEGI en 2015 había en México 4 millones 749 mil 057 personas mayores de quince años que no sabían leer. Según el último informe de la prueba PISA, por otra parte, los estudiantes mexicanos se encuentran por debajo de la media global y con serios problemas de lectura. Una buena mayoría son los denominados analfabetas funcionales: saben repetir letras y palabras pero no comprenden lo que leen. Sin duda, mucho de este mismo problema no se queda en los niveles básicos también alcanza a una buena parte de los estudiantes universitarios: no saben leer (comprender) ni escribir.
Hablemos de pobreza: De acuerdo con la medición de pobreza en México en 2016, el CONEVAL señaló que el 43.6% del total de habitantes (poco más de 53 millones de personas) vive en pobreza y el 7.6% de la población (poco más de 7 millones de personas) vive en extrema pobreza. Además, habría que agregar que 62 millones de personas viven por debajo de la línea de bienestar, es decir no les alcanza para comprar canasta de alimentos, bienes y servicios básicos. Sólo el 22.6% de la población fue clasificada como no pobre y no vulnerable.
Bajo estos números subyace lamentablemente una población con pocas o nulas oportunidades de desarrollo y de movilidad social, y en la cual antes que una visión de futuro halagüeño lo que impera es la tragedia de la carencia inmediata: ¿qué vamos a comer hoy?, se pregunta un gran porcentaje de la población. Asimismo, antes que reflexionar una idea o cuestionar a fondo una propuesta, lo que impera es la urgente necesidad de apelar a esa enorme imaginación y creer que vendrá el mesías y solucionará todo, absolutamente todo, y que los malos dejaron de ser los malos y ahora sí todo irá mejor. Este es el rasgo constitutivo de nuestro imaginario particular y colectivo.
Finalmente, habrá que decir que un régimen democrático requiere toma de decisiones, uso de la razón, contraste de opiniones, comprensión de los diferentes discursos; así también del fortalecimiento de las condiciones de vida de los ciudadanos con tal de no sólo pensar en qué vamos a comer mañana. Es decir, la sola satisfacción de las necesidades básicas. Y esa es una tarea intransferible, es decir, es de los propios mexicanos. Estoy seguro que en esto los rusos no tienen nada que ver.

David Lara Catalán es escritor. Tiene maestría en Gestión Pública Aplicada del ITESM; diplomado en Filosofía UIA. Actualmente es director del Planetario de Chetumal; catedrático en la Universidad de Quintana Roo. Autor de la Melancolía en tiempos de la modernidad.(2001) y Apuntes desde la lejanía.

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