Conjunto de poemas de fina elaboración y profunda emotividad.
Rodolfo Novelo Ovando
Sobre la hierba
Boca arriba, sobre la hierba parsimoniosa,
he observado el ficus del jardín,
me volví hormiga sin rastro.
Entre lo opaco del resplandor de su hojarasca
y la textura de su tronco,
sus hojas brillan frescamente caudalosas.
Lidié con sus raíces y las mías,
los frutos nunca antes
estuvieron tan fuera de lugar.
Descubrí un mundo
en todo lo que reside alrededor.
Testigo de su verde pronunciar.
Caín y Abel
Aunque sabemos que uno debe morir,
ambos habitan en nosotros:
lucha permanente es el espejo.
Sentir lo fúnebre en las manos
y contender contra el más fuerte:
un hombre así no se abandona en su reflejo.
Sufriente es la caricia que no ha de llegar,
no hay hermandad más vil
que la que expone rasgaduras en la ofrenda.
Ajedrez
I
Intactas, inmóviles caricias: como piezas del viejo ajedrez donde nuestros destinos se perdieron. Alfil del miedo destruyó mis noches.
Preso de la monotonía, de una cuadrícula adversa, arrincono los pensamientos en espera a que regreses, a finiquitar la última partida.
II
Entre peones la memoria se pierde como alfil viejo.
Ícaro
Lluvia solar agrieta el ser
y de las alas brota el abandono.
El cuerpo se amonesta
y los impulsos se derriten:
hacia adelante, más cercano.
Insiste el horizonte en propagar
la amarilla ceguedad.
Incinerarse hasta el instinto
mientras un rayo obstruye su fragor
ante el goce de párpados quemados.
La insolencia del grito es insaciable
por la evaporación a duermevela
de la cera que nunca
ha abrillantado el recorrido.
Rodolfo Novelo Ovando (Chetumal, México,1976). Es autor de los poemarios Exilio de mis alas, En alguna parte de esta soledad, Callar desde el silencio, La salvedad de los negados, Olivos para una tarde de luna, La última oración del miedo, El discurso de la sed y Ni un perro puede retozar en esta casa saciada de vacío.
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