Agustín Labrada

Desde la palabra, se crean todas la utopías y todas las realidades que se transfiguran con sus mitos y signos en el espíritu del hombre y la mujer. Esos entornos, imaginarios o no, suelen cambiar en cada mirada y en cada verbo, razón por la que el mundo fue leído de distintas maneras por las primeras culturas de la humanidad.

Los poetas heredaron esa condición primaria de nombrar las cosas, como sugiere Eliseo Diego en uno de sus libros, y aunque haya ámbitos poéticos a veces muy análogos, siempre puede encontrarse un aire original en cada fundación cimentada en la imagen y la música del verbo, pero también en su sabiduría y en su asombro.

Luis Armenta Malpica retoma esos dones fundacionales en su libro Des(as)cendencia y fabula cuatro ciclos, conceptualizados desde sus propios nombres, para trazarnos un camino que comienza en el Agua bautismal, pasa por la Confirmación y la Comunión, y concluye en la reflexiva Unción con la serpiente.

El canto es la razón de la palabra.

El viento asido por una voz

inmóvil.

Ahora estás en la infancia de la sombra

—una migaja oscura de arcillas estelares—, y todavía no canta

(apenas y se mueve).

A esta aventura lingüística, Luis Armenta acude con un oficio literario, visible no sólo en el lenguaje metafórico, sino igualmente en el manejo de estructuras y formas poéticas, el conocimiento de símbolos y la destreza técnica con que esgrime el verso libre y el poema en prosa, la intertextualidad, el símil sorprendente y el caligrama.

Los que amamos, sabemos

que hay una flor oculta entre los ojos.

Nació de la ceniza

de la luz de una hoguera que los dioses robaron

a los hombres

—cantáridas del sol—

la noche del miliuno.

Aún así, el autor no desea deslumbrarnos con su eficacia escritural, sino compartir con los lectores la agonía y la esperanza, las complejidades íntimas y la cambiante visión del mundo que ama y odia, en una dualidad que nos identifica como seres contradictorios y gregarios, con diferentes registros emotivos y discursos existenciales.

Amamos lo que somos y odiamos nuestra sombra.

Ya mis ojos cayeron en el campo,

surcaron las estrellas y han devuelto la voz

a los cocuyos (tanto que los rodé por mis mejillas).

Sin embargo, no basta con la identificación sentimental para adentrarse en estas páginas de fino erotismo. Se requieren otras complicidades, de un alma abierta a la polisemia, y las diversificaciones simbólicas para que cada uno arme su propio libro en la profunda riqueza del lenguaje, que aquí se torna denso y transparente.

Nunca seré más un lobo del océano porque yo creo en los ángeles.

Entre la luz que pasa por la lluvia nos vemos

y nos basta.

Con su alma a media sombra

y la tierra girando muy despacio.

La transparencia está en la sencillez de las palabras escogidas, materia verbal que caracteriza el estilo de Luis Armenta y que ha sido probado con rigor en su propia poesía. Lo denso se encuentra en las combinaciones de esas palabras, cuyos frutos adquieren variedad sígnica y nos remiten a referentes cultos de la tradición.

Tal vez desde la muerte no regresa

como vuelven los pájaros-ángeles terrenales

de tibia cera y nubes,

pero, quizá por eso, Dios inventó a los ángeles.

El ángel es exacto: cuando la luz escurre, humedece su cuerpo.

Los orígenes del ser y su universo mítico, las dolorosas elegías familiares y el testimonio emocionado de esa fidelidad, el acto de escribir y sus memorias, el amor en su ilimitada resonancia y en sus disímiles experiencias… son asuntos que cruzan por el libro entre gestos de confesión que estremecen con sus hondos secretos.

Estoy alerta mientras mi padre duerme la mitad de su cuerpo entre las sábanas.

déjenme que murmure el encaje de una oración que crece de esta aguja

en las horas de estos huesos callados que hacen su ruido adentro

para que no se escuchen por mi casa.

De modo que se aúnan aquí la exquisitez de la palabra poética y el relato contundente, el concepto y la vivencia, la tropología y el giro coloquial, todo un entramado de contenido y forma, donde —como en la antigüedad— el artista plasma la belleza salvada en sus ojos e indaga en los interiores de su ser.

En esa libertad, se confunden las fronteras entre lo íntimo y lo gregario, entre el orbe físico y las ciudades del espíritu, entre el símbolo puro y la enunciación que lo contextualiza. Des(as)cendencia es, sin lugar a dudas, uno de esos libros que perduran en la memoria, porque está escrito con la inteligencia y con el corazón.

Agustín Labrada (Holguín, Cuba, 1964). Escritor y periodista radicado en Cancún. Autor de, entre otros libros, de Saxofoneando (Premio Internacional de Poesía de La Arena, Perú, 2015), Teje sus voces la memoria (Premio de Creación de Ensayo de la Editorial Dante, México, 2010) y Botas rusas (Premio de Novela Corta de la Fundación MonteLeón, España, 2022).

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