Ricardo Alberto Pérez

LA HORA DEL AMOR

Un amor depende de la luz que contenga

y el pez que muere en esa hora.

 

Bajo las aguas todo signo

no es favorable para el ballet

que comienzan esas pieles.

 

Ellas conocen el gesto pálido

que duerme al centro de la música.

 

Pero la angustia posee un cuerpo

que con la magia del profeta

penetra en todos.

 

En este tiempo la piedra

es un pájaro de suerte,

una trayectoria existe y se transforma.

 

El público aplaude

para el vino que es violín

al encuentro de los labios.

 

La imagen no existe,

sólo el sonido libera los cuerpos

y los cubre de hojas.

 

Se levantan,

parecen dos telas blancas

que huyen hacia el sol.

 

Surge el pensamiento

en ese intento de encerrar

el calor del Universo

entre dos bocas.

 

Todo lo imagina:

Ella es el interior de una manzana

lanzada por un marinero

con sentencia de muerte.

 

Las olas abren la manzana

y la esperanza de este hombre

flota sobre el agua.

Ahora, un nuevo pez ha muerto.

SÉ QUE NO HE ENCONTRADO EL GESTO

de la mujer que trae el agua

al borde de mi boca.

 

Desconozco si ha podido aprender

que cuando un cuerpo se aleja del amado,

surge el único erotismo,

imprevisible en el cerebro, bajo el fuego.

 

Lo que ha pasado

no es la certeza de la angustia.

 

Algo se trama.

Un ruido continuo le sigue hasta el punto

donde un barranco es la casa destinada.

El ruido de la puerta.

Un candelabro antiguo, exquisito en su forma.

UNA IDEA DE AMOR A PARTIR DE TARKOVSKI

Todo es agua en la secuencia más próxima

al cuerpo que se entrega.

 

El movimiento del estado que se enfrenta a la angustia

traza la mitad del círculo.

La otra es ajena al ascenso

que le es dado a los fragmentos.

 

Dentro del aire frío que trasciende

el canto –la manera órfica– de un labio,

sobre y bajo el otro,

está el punto donde la totalidad

es el sonido de una campana que no existe.

 

Alguien denuncia “su esencia” de luz incierta.

 

Lo único cierto de la luz

está en el gesto

cuando usted ha traído

una pequeña para mi bolsillo.

BESO DE MUCHACHA Y HUECO NEGRO

Extraño beso de muchacha

como piedra que se hunde

en hueco negro.

 

Densidad del labio preocupado

en alumbrar el gesto que mutila.

 

Nada se desgarra.

Todo se aleja del cuerpo que medita:

hundirse no es caer,

sino asumir la virtud

de habitar espacios oscuros,

de ser el agua que regresa

después del duelo entre dos peces.

Ricardo Alberto Pérez (La Habana, 1963). Entre sus obras se hallan Nietzsche dibuja a Cósima Wagner, ¿Para qué El cine?, Trillos urbanos, Vibraciones del buey… En 2007, obtuvo el Premio Nacional de Poesía Nicolás Guillén, en Cuba, país donde vive.

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