Alex Lima
ALEXANDRA
And you had the honor of her evening,
And by the honor had your own restored.
Leonard Cohen
El exceso
le resta hermosura al detalle,
la instantánea de su pálido perfil
es evidencia
de que somos parte del Universo,
estampados
en las constelaciones septentrionales,
al norte del ecuador celeste,
mientras tanto
una nebulosa desciende
sobre su hombro desnudo y se desliza
por la fluidez de un brazo cruzado
sobre la frente,
la protuberancia de mi hemisferio
encaja perfectamente
en la curvatura de su espalda
y mi mirada anuncia la trayectoria
de una estrella joven
que se desploma en la moldura blanca
de una pared
de esta constelación de cartón-piedra.
HÍBRIDA
¿Por qué insistimos en regresar a Ítaca?
¿Por qué no regresar a Huancayo o a Gonzanamá
para volver a ser lo que siempre fuimos?
Acaso es imprescindible invocar a Penélope
con su cabello suelto al aire —imagen congelada
en secuencia tipo manga con banda sonora
amenazante—,
amago de semblanza petrarquista
con su perfil sin rostro,
con su cuerpo ultra-cosificado.
¿Acaso los poetas de otras latitudes invocan
a Mama Ocllo o a Sensemayá, la culebra?
¿Por qué insistir en volver a una isla
en la que nunca estuvimos?
Regresemos acaso al lago, a la barra de oro,
a captar el sonido de una lágrima que se derrama
desde lo más alto del continente
y aterriza en onda expansiva
como un do-sostenido de John Coltrane,
que rompe el silencio de los siglos.
LISI
No quiso Lisi que la viera sentada
junto al muro
que separa al mar del firmamento:
No quiso Lisi que la contemplara tumbada
como Tláloc sobre la toba volcánica,
deseosa de alcanzar los trece cielos.
No quiso Lisi que la viera sigilosa
deambulando por los filos de la acera cana,
donde cada atardecer ondula el encaje de su falda
ya ventarrón trasnochado de la transparencia,
ya transparencia rosicler de tul poliéster.
No esperaba Lisi que la reconociera
entre los rizos donde alguna vez naufragó
el bajel de la mirada,
fetiche capilar
medio teñido de marrón L’Oréal
con finas hebras argentosas.
No quiso Lisi que la viera escapando de su chulo
antes de que la convirtiera en árbol deshojado,
antes de que el colibrí,
creador del Cielo y de la Tierra,
le succionara la última gota dulce de ambrosía.
No quiso Lisi que la viera en la portada del periódico:
protagonista de una crónica reimpresa
en la reproducción mecánica de los atardeceres.
Nunca se llegó a saber de dónde provenía,
sólo que hacía patria con su cuerpo
y mendigaba amor por las esquinas.
Alex Lima (Guayaquil, Ecuador, 1975). Vive en New York. Es autor de los libros de poesía Inverano, Bilocaciones, Alba, Híbrida cíclica y Mesa de contentos. Sus poemas han aparecido en revistas y antologías dentro y fuera de los Estados Unidos.
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