Primitivo Alonso
Toda creación tiene el influjo de un espíritu pertinaz que recobra gamas de recuerdos y sensaciones, que han estado sumergidas en algún lugar recóndito de su entramado neuronal; y que surgen impetuosas cuando son convocadas con las fuerzas del talento y la sensibilidad, como es el caso de doña Margarita Pacheco de Hernández, para configurar toda una constelación de personajes, paisajes, situaciones…; que adquieren vida propia dentro de un universo particular, ajeno al nuestro, cuando el poder de persuasión es tal que derriba todos los diques de la incredulidad para dar por asentado que todo lo que se lee existe sin ser una copia de la realidad que nos circunda.
Confieso que he sentido ese milagro al adentrarme en las páginas del último libro de doña Margarita Pacheco de Hernández Venancio y otros relatos, lectura que escancié con satisfacción hasta adentrarme en el cosmos forjado por la filigrana de la pluma de tan destacada escritora.
Venancio y otros relatos es un libro costumbrista cuyas tramas se desarrollan, fundamentalmente, en poblaciones rurales aledañas a Mérida, Yucatán, en la segunda década del siglo veinte. Tiene como núcleo vital la capital yucateca, donde se guarnece, para recobrar la paz perdida, el principal protagonista de esta saga polifacética, Venancio, despojado de condición de héroe al igual que la mayoría de los personajes, quienes son emisarios de frustraciones y derrotas en un medio hostil, siempre en busca, al igual que cualquiera de nosotros, de un relámpago de felicidad para vivirla lo más intensamente posible de acuerdo con sus circunstancias.
La obra consta de siete cuentos integrados a lo largo de cientos veintiocho páginas. El siete es respectivo a través del libro, dígito de gran poder según las cábalas universales, lo que acentúa el halo misterioso que envuelve a la obra. El relato denominado “Venancio” es el de mayor extensión: abarca sesenta y seis páginas del libro (un poco más de la mitad). Es un cuento de largo aliento, aproximado a una novela corta. Hay un despliegue de pequeñas historias ligadas por finos hilos comunicantes a la fábula principal, la de Venancio, técnica denominada caja china que la autora maneja con singular maestría, donde no faltan el colorido, las vivificantes imágenes, el lenguaje coloquial y la buena prosa, que cobran vigor inusitado en diálogos refrescantes o cuando la conciencia entra en movimiento para despejar al ser interior de los personajes.
Doña Margarita, a la manera del genial Proust, se sumerge en busca del tiempo perdido, de aquel que escuchara en la voz de sus mayores y que hoy cobra vida merced a su talento a través de la magia de la buena literatura. La maestra Pacheco de Hernández rescata, con frescura, el tiempo de una sociedad ingenua envuelta en sus temores físicos y metafísicos, sus obsesiones, la terquedad ancestral y la calma aparente que ocultan el vendaval de las pasiones.
Venancio es un campesino infeliz, influenciado por pensamientos ominosos que lo que hacen creer que está cercado por la mala suerte. En realidad, no le iba muy bien: su esposa padecía tisis, su parcela estaba árida por la falta de lluvia aunada a la plaga de langostas, su milpa se perdió. Una vez que fallece su esposa, agobiada por la terrible enfermedad que le destroza los pulmones, él toma la decisión de partir fuera de aquel lugar, donde padeciera tantas desventuras.
Como rasgo simbólico está la quema de su choza con las pocas propiedades que tenía adentro. Al contemplar la incineración de la que fue por tanto tiempo su morada, le acomete una tos que revela una de las tantas obsesiones: la posibilidad de haber sido contagiado de tisis por su esposa, quien no le dio ningún hijo (otra de sus obsesiones), pese a los diez años de matrimonio con la infeliz Jacinta. Al quemarse el jacal, siente que las llamas crepitantes también devoran su pasado. Ahí queda, consumida por el fuego, aquella etapa de grandes tribulaciones, y se abren las compuertas de una renovada esperanza.
Después de vender lo que queda de su ganado a sus dos hermanos, Venancio arriba a Mérida donde se distingue, al poco tiempo, como un eficaz maestro zapatero con una vasta clientela de diversa condición económica. Comparten sus servicios gente del pueblo, políticos y empresarios. A los tres años de estancia, ya tiene su propia casita, es jefe de manzana nombrado por el gobierno por su bien comportamiento y seguramente por su facilidad de palabra, y con ello se acerca a la antesala de satisfacer otra se sus grandes obsesiones: ser un azul, respetado por todos. Para ello se encamina a enamorar a la hija de un prominente empresario español, quien lo despide con cajas destempladas.
Los relatos cortos, ensamblados a la historia principal, se van intercalando armoniosamente. Así encontraremos a la hija del gachupín. Venancio (llevado por su terquedad ancestral) logra vencer los obstáculos que encuentra a su paso –entre ellos una fenomenal paliza que le manda a propinar el reticente celta– hasta lograr que la hermosa joven, de nombre Antonia, asienta a sus reclamos amorosos. La boda se celebra en la propia casa del ibérico cuando este no está. Venancio logra convencer al juez del Registro Civil para que acuda a casarlo con la bella española, quien no pone la menor resistencia. Y es así que este hombre singular y analfabeto, campesino de origen, logra su cometido y, al lograrlo, alcanza también la respetabilidad social por su osadía y por emparentarse con una de las familias más respetadas de la comarca. Sus sueños se hacen realidad al convertirse en un azul por la fuerza de la circunstancias.
En “La salvación”, como se denomina el segundo relato integrado, Venancio ve satisfecha una de sus obsesiones más apremiantes: ser padre, lo que garantiza la continuación de su linaje, la prolongación de sí mismo a través de un hijo, aquel que buscaba con tanto frenesí y que no pudo darle su primera esposa “seca su matriz desde siempre” y agobiada por una terrible enfermedad.
En el capítulo correspondiente a “Basilia”, la pluma de doña Margarita se desliza sobre una calzada de romanticismo singularizando los pormenores del amor utópico, aquel que guardan en lo profundo de su corazón muchas jóvenes del servicio que se enamoran de los apuestos hijos de sus patrones. Basilia es la hermana menor de Venancio y sucumbe al encanto de un amor platónico, jamás correspondido. Ella prefiere permanecer soltera, sirviendo al patrón de sus sueños, hasta que espira a los cuarenta y cinco años de edad, antes de entregarse a otro hombre y viviendo con el recuerdo de aquel amor que jamás se hizo realidad… No tuvo la intrepidez de su hermano.
Los demás relatos son todos sobresalientes y están impregnados de un agradable sabor provinciano con algunos mayismos, el hablar coloquial del pueblo acorde con su origen y el giro de la conciencia en movimiento para despejar el universo interior de algunos personajes, además de buenas dosis de fina ironía. Hay también magia y poesía. Doña Margarita no se agota al examinar la complejidad del alma humana y la complejidad de un tiempo en que brilló Felipe Carrillo Puerto con sus reivindicaciones sociales.
Primitivo Alonso Alcocer es un escritor y político chetumaleño. Algunos de sus libros se nombran La tierra disputada, En nombre de la luz y El saldo de la tormenta.
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