Conjunto de poemas hasta hoy inéditos, de gran revelación.

Ramón Iván Suárez

 

 Pienso en los poemas

        como un cierto tipo de animal…                                                             

                                            Ted Hughes

 

1

Arrancaron tres dedos

a la tarántula que escribe;

pero le brota una sexta pata,

su muleta.

Baba de oscuridad baja del lápiz,

baba pegajosa hasta el vómito,

leche agria sobre la página.

2

La mano que escribe

no es una tarántula,

sino el pico de un pájaro;

también la pluma que bebía del tintero,

la pluma del ave agorera

que empolla a los hijos de la noche.

3

Ni pico ni tarántula,

sino pulgas en las teclas

saltando frente a la pantalla

en una pausa del silencio

cuando nos ciega la búsqueda.

Los dedos chupasangre

del albedrío y la locura

cuando creen que interpretan al piano

el valsecillo de la muerte.

Los dedos tamborileros

después de los relámpagos,

aunque el poema resulte un perro flaco

que se rasca los ripios mientras aúlla.

Como un cierto animal el poema

avanza, repta, salta, hunde el pico

en la piel impoluta de la página

para que sangre el sinsentido.

4

Erizos,

¿serán erizos los poemas?

Debajo de las múltiples espinas

está el meollo del sentido;

mas quién se atreve

a herir su mano

y en el dolor hallar lo dicho por la dicha,

como si fueran flores del diente de león

en éxodo por el sí y el no de las contradicciones.

5

Los poemas, no la mano, son el animal.

Insectos de toda laya: filas de hormigas,

enjambre de moscas, túneles de las termitas;

pero igual estorninos que esculpen en el aire la idea,

murciélagos arropados en la metáfora de noche y radar,

peces que boquean, ranas inmortales,

las huellas de un oso y los dientes de la trampa.

Un cierto tipo de animal.

Tal vez al poeta

le pusieron sobre el cráneo un cajón

con una rata que busca la salida.

En el mejor de los casos los sonidos construyen

una tortuga mientras en el tablero de su carapacho

las piezas de ajedrez permanecen inmóviles

ya próximo el jaque mate.

6

Un camaleón es el símil perfecto para el poema

si éste se hace con emociones:

rojo ira, verde envidia, amarillo desánimo,

azul optimismo y el omnipresente gris de la melancolía.

Los ojos del reptil son aros luminosos

y su cola, no menos larga que su lengua,

se engancha a la imaginería.

Si haces uno de cartón tendrás un alebrije

de colores estridentes, cuernos de diablo

y lengua atrapa imágenes en el momento preciso

cuando la gota del rocío se tornasola en espejo

y refleja al camaleón. O hay uno dentro de esta imagen:

espejo que refleja al espejo sin contradecirse,

porque el poema está hecho a semejanza de sí mismo.

Aunque para poseer un camaleón no bastan las palabras,

se necesitan tiempo, el tiempo de la nacencia y de la muerte.

Escher aprisionó lo imposible en una jaula.

O no era un camaleón sino un logaritmo

y un poliedro de calcita asaeteado por la luz

en la rocosa formación del primer verso que nos es dado

por las musas antes de que el reptil nos atrape con su lengua.

7

Finalmente, y estas son las preguntas:

¿Con qué están cubiertas las palabras?

¿Con plumas, escamas, pelambre?

¿Cómo son los huesos del significado?

¿Hay carne, músculos, nervios debajo de sus sonidos?

¿Tal vez huesos y, en su interior, la médula y la masmédula?

¿Tienen alma?

O simplemente el absurdo las habita.

El lenguaje

¿grazna,

barrita,

es del eco,

la mirada,

el polvo?

Ramón Iván Suárez (Calkiní, México). Figura cimera de la literatura del Caribe mexicano y ganador de prestigiados premios literarios internacionales. Autor de libros para niños, obras didácticas, antologías poéticas y poemarios de diversos registros como, entre otros, Casa distante, Pulir el jade, Pejeluna, Tres diosas, Pavesas y En el insomnio escribo.

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