Agustín Labrada

En Lo que transcurre, el más hermoso, reciente y maduro libro de Odette Alonso, se trasluce un dominio total del verso, el ritmo contundente y las metáforas precisas. Invenciones, lecturas y experiencias se alían con esplendores que seducen tanto en el gozo como en la angustia. Todo aquí late profundo y, en esa hondura, hay también mucha perdurabilidad.

Ganadora de una beca del Sistema Nacional de Creadores de México, país donde vive desde 1992, esta escritora sui géneris, nacida en Santiago de Cuba en 1964, ha obtenido también el Premio Internacional de Poesía Nicolás Guillén 1999 con su libro Insomnios en la noche del espejo y el Premio Nacional de Poesía LGBTTTI 2017 con Old Music Island.

Reconocida en el mundo, Odette abarca en su creación diferentes géneros literarios que se traducen en numerosos libros como, por ejemplo, la novela Espejo de tres cuerpos; el conjunto de ensayos Crítica a pie de obra; los libros de cuentos Con la boca abierta y Hotel Pánico, y los poemarios Enigma de la sed, Cuando la lluvia cesa y Víspera del fuego.

Conmueven las indagaciones escritas por Odette en esta nueva obra con un lenguaje terso, a veces duro, siempre magnífico. Algunos poemas provocan lágrimas, otros fluyen como en un blues desgarradamente musical y en todos logra transparentarse la belleza. En torno a esos misterios, comparte su voz en esta entrevista la autora de Diario del caminante.

¿Concebiste Lo que transcurre con la certeza de que iba adquiriendo dimensiones estéticas del más alto vuelo?

Este proyecto fue de muy lenta cocción, de modo que en la medida en que lo veía nacer y crecer, modificarse y reordenarse una y otra vez, sabía que podría estar escribiendo mi mejor libro. Requirió muchos años para llegar a esta versión, una década al menos y, en ese tiempo, cobré conciencia de lo que quería lograr de él y con él: una historia circular y encadenada que contara, a saltos, la anécdota de un país y una familia, de éxodos y resignificaciones, esos tópicos tan presentes en mis libros y cavilaciones más recientes.

¿Cómo lograste urdir una fabulación novelesca —con personajes, situaciones e historias— sin salirte del verso libre?

¡Exacto! Lo que transcurre es una novela en versos. Si yo tuviera un agente o un asesor comercial, seguro estaría explotando esa veta para conjurar la supuesta, y terrible, maldición de que “la poesía no se vende”. Creo que soy, ante todo, contadora de historias. Y como no tengo la memoria prodigiosa que tienes tú, reinvento; la ficción completa las piezas que faltan y acaba creando un mundo distinto al que fue y al que es. No tiene mucha gracia escribir “lo vivido”, ese caudal es precario y limitado; la ficción es infinita.

De pronto, el alude al fluir cotidiano, pero hay exploraciones en un pasado exótico y reflexionas sobre esencias humanas muy hondas que rebasan la inmediatez y adquieren un espíritu atemporal o eterno.

El título alude a un tiempo pararreal que sólo existe entre esos versos. Hay en la estructura una intención de concatenación que refuerza esa idea, planteada desde el primer epígrafe, donde Sor Juana dice: “es una espiral, no un círculo, la Armonía”. También en la sucesión de las estaciones —invierno/verano, lluvias/sol— en los títulos de las secciones que lo conforman y en la secuencia de los epígrafes en los poemas centrales. No para el tiempo en este libro y, sin embargo, pareciera detenido en un recuerdo inasible. Es “el fin del tiempo que medimos los humanos / con absurdos calendarios”, como dicen unos versos. Todo un experimento.

En la mayoría de tus poemarios, prevalece un lirismo conversacional que tiende a la transparencia del lenguaje y apuesta más a las emociones, pero aquí se adivina una suerte de misterio (inquietante y soterrado) que requiere más atención de los lectores.

El misterio es la vida pasando, el relato de un tiempo desconocido pero real, el conjuro de las ancianas que presintieron el desastre y lo cantaron, el llanto interminable de las madres. El misterio es lo que sigue a la partida y lo que se deja atrás, esos espacios que habrá que rellenar con fábulas e ilusiones, con cartas que no digan la verdad, con fotos ajenas.

¿Te propusiste que el sujeto lírico de este libro resultase enigmático y fantasmal, a diferencia de tus otras obras donde se descubren con menos tropiezos analogías entre el sujeto lírico y la propia Odette?

En la mayoría de los poemas de este libro la voz poética ya no indaga en mis propias inquietudes y quebrantos, sino que mira hacia afuera: es una narradora omnisciente que cuenta anécdotas en las cuales tal vez tiene cierta participación, más directa o más tangencial, pero lo personal no es lo más importante. Es un sujeto observante que narra lo que ve: un paisaje colectivo, compartido, un dolor también de muchos.

¿De qué manera vuelves a abordar temas canónicos en tu obra (el amor, la familia, el viaje…) y transfigurarlos hasta que adquieren un novedoso aire de originalidad?

La abuela o la casa no son mi abuela ni mi casa, sino cualquier abuela y cualquier casa y eso, creo, lo hace entrañable: quien lee puede descubrirse o encontrarse en situaciones que no tienen el sello privativo de un autor individual. Tampoco son necesariamente cubanos los ambientes: lo que sucede entre estas páginas puede haber ocurrido en cualquier lugar, porque en esta época los movimientos migratorios son planetarios y, por lo tanto, las añoranzas de los exiliados también.

¿Por qué privilegias a lo largo de tu poética la figura retórica de la alegoría?

No sabía que lo hacía. Me río. Soy más intuitiva que consciente a la hora de la creación, incluso en el trabajo posterior. A pesar de haber estudiado letras, nunca tengo tan clara las categorías retóricas ni las reconozco por su nombre; soy como un músico que “toca de oído”, cuando me sobra o me falta una sílaba métrica no tengo que contarlas, lo siento al vuelo.

¿Qué poetas —de todas las épocas, sexos e idiomas— crees que fueron influenciando con sus creaciones el maderamen de tu estilo?

En cierta ocasión, escuché decir a Luisa Valenzuela que responder esta pregunta sólo sirve para ganar enemistades. Me reí porque me pareció muy acertado. Creo que hablar de influencias es tarea de los estudiosos de la literatura; una, como simple creadora, por lo general no es tan consciente de esos detalles. Podríamos decir qué poetas nos gustan, a cuáles hemos leído más, pero de ahí a reconocer una influencia, va un buen trecho. Podría mencionarte a Sigfredo Ariel, a algunos compañeros de nuestra Generación de los Ochenta en Cuba, algunos contemporáneos mexicanos o latinoamericanos entre los que está, sin duda, mi querido amigo Luis Aguilar, recientemente fallecido. Una respuesta más enjundiosa se la dejo a los especialistas.

¿Reafirmas tu identidad tras la cristalización de este libro maravilloso?

Esta es una gran pregunta porque me doy cuenta de que no sé qué es la identidad ni cuál es la mía. Tal vez transcurre, como todo en este libro. Tengo que pensarlo seriamente. Pero creo que mi confusión es la respuesta: no he reafirmado nada, al menos no conscientemente.

De las tantas Cubas posibles desde la lejanía, ¿cuál es la tuya?

Por un lado, la poética: esa Cuba inventada que no existe ni ha existido. En una de las presentaciones del libro, Enzia Verduchi dijo: “Odette fundó una isla para sí”, y creo que esa apreciación es muy acertada. Por el otro lado, la Cuba real: aquella donde tratan de sobrevivir, en medio de carencias y angustias inenarrables, mi madre y mi hermana. Tal vez reimaginar una isla como la del libro es la única forma que he tenido de vivir en ella. Esa dualidad es inseparable porque de una surge la otra y cada una hará sobrevivir lo que pueda salvarse. Si es que algo se salva.

 

Lo que transcurre fue publicado en Miami por Ediciones Furtivas:

https://www.amazon.com.mx/que-transcurre-Spanish-Odette-Alonso/dp/B0C7J7BPD9/ref=mp_s_a_1_3?crid=1KFOQ3JCXWUR&keywords=odette+alonso&qid=1696783703&sprefix=odett%2Caps%2C169&sr=8-3&ufe=app_do%3Aamzn1.fos.4e545b5e-1d45-498b-8193-a253464ffa47

Agustín Labrada (Holguín, Cuba, 1964). Escritor y periodista cultural radicado en Cancún. Autor de, entre otros libros, el poemario La vasta lejanía, el conjunto de ensayos sobre la literatura de Quintana Roo Teje sus voces la memoria y la novela Botas rusas.

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