Por Gabriela Cruz 

En meses pasados se hizo viral el juicio de difamación que entabló la estrella holliwoodense Johnny Depp, contra su ex esposa, Amber Heard.

Ajena al mundo de la farándula, no lo seguí más que por los comentarios de mis compañeros hombres, quienes celebraron el fallo en contra de la también actriz, enarbolándolo como un “triunfo para todo el género masculino”, pues según dijeron, se demostró que fue el protagonista de Piratas del Caribe, quien sufrió violencia por parte de su expareja.

La noticia fue opacada poco tiempo después, por la escandalosa separación de otros dos famosos: Shakira y el futbolista Piqué.

Por tanto, no supe más del caso hasta que decidí, para entender lo que había pasado, ver el documental de Netflix “Depp Vs.Heard: La verdad sometida a juicio”, en donde se muestra la guerra que se desató en redes sociales por parte de los fans del actor.

Cientos de youtubers, influencers y tiktokers se dedicaron de manera frenética a desestimar los argumentos y pruebas que la exesposa de Johnny Depp presentó en su contra, para demostrar que fue víctima de violencia por parte del actor.

En una estrategia, comúnmente usada en épocas electorales, quienes salían en defensa de Amber eran funeados, es decir, caía sobre ellos una lluvia de ataques por parte de los fans del actor; lo que inhibió las publicaciones en favor de su exesposa.

Como un circo mediático, este juicio fue televisado por completo, obviamente a solicitud de la defensa de Depp y lo peor es que el jurado, si bien tenía la orden de no ver redes sociales ni noticias sobre el caso, nunca fue aislado, por lo que sus integrantes regresaban todos los días a sus casas y obviamente recibieron toda la influencia en favor del actor.

Al ver las declaraciones de los actores y testigos, es obvio que estuvieron inmersos en una relación donde ambos ejercieron violencia, tal y como lo confirmó una psicóloga llamada a declarar; sin embargo, el juicio final, tanto de la corte como de la sociedad, dejó a Depp como víctima de su ex esposa, desestimando todas las pruebas que ésta presentó, tanto de insultos como de agresiones físicas.

Al final, lo que muchos hombres enarbolaron como un triunfo del género masculino, no fue sino una muestra más de cómo el sistema y la sociedad pueden aliarse en defensa de un hombre, sin importar lo que éste haya hecho.

A esto se llama violencia estructural, por razón de género. Y no es ningún triunfo, es un privilegio del que han gozado históricamente los hombres agresores. Triunfos son los que han conquistado las mujeres víctimas de violencia, al evidenciar esta situación; un avance que al menos en ese caso mediático, vivió un serio retroceso.

Colectivas feministas y Organizaciones de la Sociedad Civil, como Gobernanza MX, que defiende los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres trabajan por evidenciar la violencia estructural y de Estado que viven las mujeres de Quintana Roo. La lucha más reciente tuvo que ver con la negativa del Poder Legislativo para armonizar las leyes con lo dictaminado por la Suprema Corte de Justicia de la Nación, para la despenalización del aborto en el país, lo cual se logró casi un año después.

Hoy, siguen trabajando para dar el siguiente paso: lograr que el Sector Salud brinde los servicios de aborto seguro y gratuito. Mientras esto no se logre, la ley será insuficiente y las mujeres de Quintana Roo seguiremos siendo víctimas de una violencia estructural por parte del Estado.

Pero no cometa mi error, no crea lo que le dicen, ni siquiera yo. Vea el documental de Netflix y sea usted quien juzgue.

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