Por Hugo Alday Nieto

Grigori Yefimovich Rasputín, según lo plasma el autor Edvard Radzinsky, en la obra “Rasputín: Los archivos secretos”, resulta ser todo un paradigma de personaje: con una profunda ignorancia, pero a la vez, con una enorme capacidad de envolver a las personas haciendo uso de sus capacidades de médium, con las que aprovechó, no solamente para colarse en la corte del Zar, sino en las alcobas de gran parte de dicha corte.

Un sujeto que en la Rusia zarista comenzó a retomar prácticas de la doctrina “Jlist”, fundada en 1631 a la que también les llamaron gente de Dios, en la que prácticamente Rasputín obtenía beneficios cárnicos o sexuales a cambio de llevar su cercanía con Dios, una especie de comunicación divina a través del éxtasis que, bien pudo ser rescatada de los orígenes rus, de los vikingos, en donde a través de la fornicación, también se agradaba a las y a los dioses para obtener buenas cosechas.

Hombre de Dios

Lo que sin duda resaltó como dato curioso, es que, dada la importancia de iglesia ortodoxa en el zarismo, es un tanto contradictorio, ya que, de acuerdo con las declaraciones relatadas en el libro y emanadas de documentos oficiales, los grupos de mujeres pertenecientes a la oligarquía rusa, que se encontraban influenciados por el hombre de Dios, como le decían en señal de respeto por su forma de hablar y dar consejos, fue muy notorio para la toma de decisiones.

Sin duda, a Rasputín podemos considerarlo como el padre de las sectas político-sexuales, a quien Keith Raniere de NXIVM parece haber emulado con gran exactitud, pero, hasta donde sé, sin la cualidad de médium que le valió a Rasputín vaticinar el principio de la Primera Guerra Mundial.

Fondo de poder

En México, no son pocas las menciones de grupos políticos o empresariales que tienen un segundo fondo de poder, anclado en las prácticas de dominio más elemental como el sexual. Incluso, en medio de una gran revolución feminista como la que estamos transitando se han suscitado escándalos relacionados con grupos políticos y sociales de alto poder adquisitivo.

Aunado a ello, las denuncias de acoso sexual o de tentativas de todo tipo de delitos sexuales en contra de mujeres, ya sea en el gobierno o en la iniciativa privada, no han cesado, incluso, en los partidos políticos en donde la meritocracia se pasa por encima cuando de otorgar alguna candidatura o cargo se trata y, quien tiene la posición de poder, es hombre y asume que tiene a su disposición a la otra persona.

Es importante impulsar políticas públicas y seguir construyendo normas que permitan a las mujeres, principalmente, sentirse seguras en todos los niveles; pero desde mi perspectiva, es más importante educar a nuestras niñas, niños y adolescentes para que, cada vez sea menos necesario hacer uso de políticas públicas y códigos penales para fomentar el respeto.

Si las familias mexicanas siguen confiando la educación y la formación de sus niñas y niños a televisa o a la SEP, sin que participemos de lleno en la crianza responsable, de poco o nada servirán todas las acciones legislativas y cualquier Rasputín moderno, podrá pasar encima de todas y de todos.

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