El tribunal electoral de la federación, con sede en Xalapa, detectó que algunas de las candidaturas afirmativas de Quintana Roo no cumplían con los requisitos, por lo cual se cayeron y revelan la intención de los partidos: torcer la ley.

Por Luciano Núñez

Parece sacado de la ciencia ficción: un balón lanzado al aire para anotar en cualquier deporte: fútbol, tenis, baseball o baloncesto, alcanza su recorrido final de acuerdo con la intención primigenia. Nace con la idea, se transforma en movimiento y se plasma en una acción definitiva que es la anotación o el fallo.

Es decir, el balón en su estado de reposo reconoce, interpreta o “sabe” qué es lo que hará para llegar al punto final del recorrido, de acuerdo al plan de juego. No hará otra cosa más que obedecer a una acción realizada con una técnica específica.

Para ser más claro: cada movimiento realizado para impactar el objeto lleva un ejercicio que definirá dónde irá a parar: en el punto deseado o se irá lejos, a veces muy lejos.

Hay jugadores que son expertos en dar en el blanco con milimétrica precisión, hay otros, que provocan una “comba”, un bello efecto de elipsis que logra que la pelota tome diferentes curvas en su trayecto.

Hay bolas lentas y rápidas y las que se mantienen en suspenso en el aire y nos maravilla. Hay otras que son tramposas. Así, en la política, la génesis de cómo se hacen y diseñan los movimientos tiene mucho que ver con el acabado final, que luego se plasma en la realidad. Así que en el armado está el acabado.

Candidaturas afirmativas falsas

Desde hace varias semanas atrás desde las páginas de Grupo Pirámide hemos dado cuenta del fenómeno de las candidaturas afirmativas que no cumplen a cabalidad con los requisitos. Esas que comienzan con un robo a las comunidades o sectores que las pelearon por años, porque, legítimamente, forman parte del entramado social y político.

El problema principal radica, entiendo, en un asunto de estructura, porque el filtro de los partidos políticos está fuera de foco y nos ha fallado.

Ellos son los responsables de orquestar una planilla con todos sus matices, así como es el reflejo de la sociedad: con jóvenes, personas de origen indígena, de la diversidad sexual o personas con alguna discapacidad permanente, y han errado en eso de diseñar para dónde va la pelota.

Lejos de avanzar en la construcción de una política que eleve el rango, vemos que las y los líderes prefieren torcer la ley desde el origen del movimiento, con el fundamento de llegar al objetivo de ganar cueste lo que cueste y “haiga sido como haiga sido (SIC)”.

Torcer las reglas

En ese tenor han aparecido medio sordos/as, medio indígena, autopercibido/a de la diversidad sexual y un cúmulo de esfuerzos para darle al balón sea como sea. La intención ahí ya no es ganar, sino el torcer las reglas del juego o, medio verlas, con tal de sacar ventaja.

Pero, ¿quién gana y quién pierde? Así hemos visto en el Congreso del Estado leyes que no resisten el menor análisis y que conllevan semanas de trabajo perdido. Prueba de ello son las reformas al código civil y el fallido intento de desalojar a la concesionaria del agua, ambas enarboladas por el hoy candidato Humberto Aldana.

El origen de todo sería que los partidos no están formando perfiles que representen a la sociedad en su conjunto. De otro modo no se entiende que tengan problemas en echar mano a la cantera de sus militantes para ocupar los espacios que, por ley, han sido diseñados para conformar un entramado político diverso, así como somos.

Si bien los partidos han fallado, también las instancias electorales que deben velar por la ciudadanía y ser más acuciosas para legitimar dichas candidaturas.

Ha sido la Sala Regional de Xalapa la que ha puesto freno a lo que en todos los sectores políticos se sabe: las candidaturas afirmativas son sustentadas con cualquier certificado médico, así como en el mundo del deporte también solemos ver a juveniles que a leguas no lo parecen y no lo son.

Cada deporte ha tenido una transición que ha desechado aquello que, justamente, no lo hacía evolutivo. Recordemos que hasta hace unos años había deportes en los que la inclusión era una palabra desconocida. Aún hoy en día vemos que existen discursos y cantos de odio en Europa con jugadores que son de origen africano. La selección francesa, por ejemplo, ha mostrado una evolución asombrosa a lo largo de su historia para llegar, como en el pasado mundial, a una integración racial y social impensada hasta hace unas pocas décadas. Esa conclusión fue producto de una integración y no la exclusión o la integración a medias.

Comenzar de esta manera denota no sólo una forma de ser y de pensar, sino que se refleja en la sociedad. ¿Podrá una persona que no es de origen indígena entender los reclamos de ese sector? Una persona con una falsa discapacidad, ¿podrá crear leyes que apunten a otorgar espacios dignos para este sector de la comunidad?

Un municipio o el Congreso del Estado, ¿merecen esta forma de desprecio o este tipo de juego?

Como decía en el arranque, el balón rodará según la intención que lleve desde el origen del movimiento y, si es legítima, y además apela a la técnica e incluso al arte para cumplir su cometido, es motivo de alegría y festejo, de otro modo, sólo hay lamentos y retrocesos.

Ya lo dice la escritura: “Guardaos de los falsos profetas: se acercan con piel de oveja, pero por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis”.

 

 

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