El Sol Azteca ha puesto en marcha una andanada de quejas y recursos contra los medios de comunicación que pretende condicionar la información pública.
Por Luciano Núñez
¿Cuál es el objetivo del PRD —un partido político en vías de extinción— al intentar censurar a prensa?
Durante esta campaña que concluye, Grupo Pirámide, así como una decena de medios de comunicación, impresos y digitales de Quintana Roo hemos recibido al menos una decena de quejas que intentan, a toda costa, censurar o al menos inhibir la información que, además, es un derecho consagrado en la Constitución y que forma parte la la Libertad de Expresión.
Su encono se centra principalmente en la difusión de encuestas, que son desde hace años información pública, que están registradas en el INE, y que además, dan cuenta de una tendencia electoral, que por cierto no les favorece.
Mil fojas
Cada semana de campaña este medio de comunicación, enfocado en el análisis y en las tendencias políticas, ha recibido al menos dos notificaciones de juicios promovidos por el PRD, o a quien en verdad represente, con el afán de buscar una sanción a este y otros medios de comunicación.
La última se trata de una causa que tiene al menos mil fojas y otra, menos voluminosa, pero sí agraviante por el gasto de papel, de al menos 300 páginas.
Encuestas
El reclamo central es: ¿Por qué Grupo Pirámide pública encuestas?
Primero porque es una herramienta que se usa en todo el mundo, y que al menos por ahora es la única que revela lo que se llama una tendencia. Es verdad que estos trabajos se han equivocado, en algunos casos, de manera hasta grosera; pero también es cierto que sirven como un parámetro para que el lector, con base a esta información y muchas otras fuentes, pueda complementar su información y para tener un panorama del momento político, digo momento porque la política como la vida siempre es una circunstancia. Hoy quién diría que el PRI peleara su supervivencia después de 70 años de supremacía.
Volviendo al caso del PRD, me pregunto si la prensa tiene la culpa en su triste derrotero como partido, ahora en vías de extinción o, al menos, un remedo de lo que supo representar: estuvo a punto de ungir a un presidente en 2006 y tenía el gobierno capitalino y gran parte del Congreso de la Unión y espacios en el Senado. ¿Qué pasó?
Una vez que falló el segundo intento por la presidencia, en 2012, los Chuchos decidieron sumarse al llamado Pacto por México, en una idea de Manlio Fabio Beltrones por hacer de aquello un co-gobierno, es decir, un esquema que contenga a varias fuerzas en un mismo tejido. Fue así como lograron reformas que generaron más desigualdad y los peores acuerdos que generaron telarañas de corrupción como el caso Odebrech, así como las reformas energética y la educativa. A caballo de el Pacto por México el PRD gozó de las mieles del poder sin haber llegado a la presidencia. Eso no fue gratis. Para lograr ese paso se aliaron a sus peores enemigos, el PRI, porque antes ya se habían sumado al PAN para intentar desplazarlo.

Bajo este escenario, Andrés Manuel López Obrador, hoy presidente, decidió dar un paso al costado porque, evidentemente, por ahí no era. Fundó su propio partido, que es Morena, y así el Sol Azteca quedó en manos de los Chuchos, Ortega y Zambrano.
En todo ello, la prensa no hizo más que reflejar esos inconfesables acuerdos para comenzar el abrupto desencanto de la ciudadanía con el partido que alguna vez prometió abanderar la izquierda mexicana.
La consecuencia de todo ello no fue otra que el desencanto de los electores que, elección tras elección, han ido dándole la espalda a un partido que fluctúa entra la extinción y la nula representatividad.
Ni con el PRI no el PAN
En Quintana Roo la hecatombe fue tal que ni siquiera el PAN, menos el PRI, quisieron tener al PRD al lado: pedían encabezar municipios, cuando la realidad es bastante lastimosa. Leobardo Rojas, su actual dirigente, se presentó en aquellas reuniones con ínfulas de gran líder a pedir la candidatura de Tulum, Othón P. Blanco y otros municipios, como si no supiera dónde está parado. Justamente en ello entran en juego las encuestas y tendencias, en las que desde luego su percepción dista mucho de la que tienen los ciudadanos: están en la zona de extinción o bien, relegados a la nada representativa.

Ahora, pareciera que la culpa de ello la tiene la prensa que publica información que no les favorece. Mucho más penoso fue que, de las pocas candidaturas que tenían, como la de Tulum con Claudia Macías, declinó por Movimiento Ciudadano y su candidato Jorge Portilla, ante el sinsentido de sus líderes.
No menos penosa fue la participación en el debate de su candidata a la presidencia municipal de Benito Juárez, que ni con guión pudo esbozar una idea sólida.
Hubiera sido más productivo apuntalar a la candidata con unas líneas que el ocupar el tiempo cada semana en enderezar a los medios una retahíla de juicios para explicar lo que es intrínseco en su historia: la traición a la izquierda, a sus ideales y una causa que los encarnó con lo que tanto criticaron: la derecha del PAN y la corrupción del PRI.
Mientras las encuestas sean serias, públicas y tengan una valor informativo para la ciudadanía, se seguirán publicando, cueste lo que cueste, porque la traición, como se ve, tarde o temprano tiene consecuencias. Eso usted Leobardo Rojas debería saberlo, sino, repase un poco la historia de la manchadísima bandera que representa.





















