
El ejercicio del análisis y la argumentación han quedado reducidos a un grupo cada vez más pequeño de periodistas ante la notoria falta de renovación generacional que tiene que ver con múltiples factores que abarcan varios ámbitos y circunstancias.
Luciano Núñez
Un colega me preguntó semanas atrás sobre qué nuevos columnistas tiene Quintana Roo. Mi mente hizo un esfuerzo radical para encontrar acaso a dos o tres voces que se distinguen en la marea de comentarios superficiales y breves que transitan por las redes sociales. Se trata de un fenómeno único -diría- en donde quien principalmente peligra es el lector: ustedes. Que cada vez tienen a menos voces para poder analizar las perspectivas de la información, la verdad, las imposiciones de las verdades del poder que, según Proust, son las que se logran a través de diferentes medios con los que cuenta el poderoso aparato oficial.
Veo que la generación de columnistas y escribidores con la que me tocó compartir espacio de opinión, ha aportado bastante al Estado. Se trata de un grupo no mayor a 20 personas, mayoritariamente hombres y herederos (buena parte de ellos, no todos) de una forma periodística que privilegia la información de calidad, la corroboración de información Y, desde luego, el análisis propiamente dicho y profundo. Con sus diferentes matices y formatos, siento que le han aportado al estado en su incipiente formación y crecimiento periodístico. Se vieron fuertes en el encarcelamiento de Juan Ignacio García Zalvidea, en los abusos del endeudamiento de Félix González Canto, la mano dura de Roberto Borge (acaso la mejor época para hacer periodismo), el cambio de régimen con la elección de Carlos Joaquín y la posibilidad de que una mujer sea por vez primera gobernadora del Estado, con Mara Lezama.
Cambio de paradigmas
Sin embargo, circunstancias particulares de Quintana Roo, han quebrado esa endeble cadena de formas que tienen como consecuencia el análisis y la argumentación. Empezando porque los periódicos impresos, que solían ser espacio para los mejores columnistas, hoy su apuesta va por otro camino: menos inversión en calidad, nula competencia de contenidos y desidia, porque su ganancia no descansa en la información, sino en recibir jugosos contratos sin apostar a la formación de nuevos periodistas y, mucho menos, nuevos columnistas. Basta ver las portadas diarias de impresos tapizadas de boletines y comunicados oficiales. Y me pregunto: ¿Ese es el periodismo de Quintana Roo? ¿Necesitamos cada vez más periódicos que digan lo mismo? ¿Dónde va a acabar todo ello? Presumo que en nada bueno.
Ustedes se preguntarán si en Grupo Pirámide tenemos renovación de columna: no. He ofrecido espacios a excelentes periodistas y editoras de este portal, que han rechazado la oferta. En ese sentido, seguimos con el excelente sfaff de análisis desde hace varios años, que cada semana aportan sus comentarios. Confieso: no tenemos renovación.
¿Qué está pasando?
Hablé del tema con dos colegas y me comentaban que, si bien Quintana Roo mantiene una población fluctuante: así como llegan muchos se regresan o emigran, por otro lado, las nuevas generaciones han encaminado sus esfuerzos en producir videos para redes sociales, que tienen escasísima argumentación, sino nula, y han desechado el camino del análisis profundo y acucioso. El camino parece es la risa o la diatriba, sin escalas. Orquestar una argumentación seria puede llevar muchas horas de arduo trabajo y, sobre todo, lecturas. Información precisa.
En el ámbito de la literatura, puedo comentarlo, existen en el Estado varias generaciones de escritores, sin que incluso el gobierno haya puesto ningún esfuerzo ni recursos para ello: una ferviente y creciente generación de poetas, narradores y cuentistas sigue publicando contra viento, marea y desidia. En el caso del periodismo la cadena parece bastante rota aún con la millonaria inversión en ello a través de la publicidad oficial.
Nadie nunca nada
Ahora, ¿qué tiene esto que ver con la política? Sin una oposición que señale, sin nuevas voces que se animen al análisis profundo, lo que queda es una democracia más débil o un estado de indefensión para el lector, entendiendo que la información también es un derecho humano y, desde luego, el análisis forma parte medular de ella: es acaso la parte más importante en la pirámide periodística.
Entendiendo que la crítica sana es el mejor aporte a un sistema político. Es ver más allá de la superficie, más allá del presente y de lo inmediato. Es argumentar y es crear uniendo los cabos sueltos.
¿Qué se puede aportar?
Desde luego la solución no está en un sólo camino, sino en varios. Y no depende incluso de meses, sino de años de un esfuerzo sostenido por cambiar un modelo que ha pauperizado el trabajo del comunicador de calle, del que sale a buscar la nota en las banquetas y en los bordes de una ciudad que tiene grandes contrastes detrás de su prosperidad turística.
Pienso que deberíamos empezar por analizar qué les están enseñando a los jóvenes en las universidades, cómo es que el Estado reparte la publicidad oficial, y que los medios estemos ofreciendo espacios a los jóvenes que deseen empuñar la pluma.
En un estado liderado por una comunicóloga, como lo es Mara Lezama, sería un gran aporte realizar fotos o actividades que llamen a la reflexión para contar en Quintana Roo con un periodismo de mayor calidad, con plumas vivas que aporten su creatividad, su energía y sus nuevos enfoques a una realidad que, cada vez, está más alcanzada por las tecnologías y sus nuevos usos, como la Inteligencia Artificial y la virtualidad, tomando cada vez más espacio a lo que llamamos realidad.
El reto no es menor y de ello, depende la salud de esta democracia que estamos construyendo apenas, con poco más de 50 años como estado libre y soberano. Por eso, el columnista se erige como un faro y un factor vital para señalar abusos, aportar, generar agenda y mantener viva una voz que es cada vez más difícil de encontrar entre tanta rapidez y superficialidad.
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