Mientras el mundo está al borde de una guerra nuclear, un grupo de motociclistas ha decidido llevar ayuda a un centenar de niños del poblado de Santa Cruz, Yucatán, a hora y media de Cancún.

Decenas de niñas y niños del poblado de Santa Cruz, Yucatán, a una hora y media de Cancún, recibieron una mano amiga de la Federación de Escuadrones de Motociclistas, Policías y Oficiales de Caminos, Delegación Fempoc, Benito Juarez.

Los motociclistas entregaron kits deportivos para municipio y para escuelas: kinder, primaria y secundaria. Redes, pelotas, porterías, colchonetas y camisetas de entrenamiento.

 

Luciano Núñez

Mientras el mundo está al borde de una guerra nuclear, un grupo de motociclistas ha decidido llevar ayuda a un centenar de niños del poblado de Santa Cruz, Yucatán, a hora y media de Cancún.

Me sumo mientras atravieso una época de luto, de sequía literaria y de vacío. ¿Qué hice sino peregrinar de un lugar a otro?
Quien me ha invitado es mi amigo Fabio Ortellado, comandante de la Federación de escuadrones de Motociclistas, Policías y Oficiales de Caminos, Delegación Fempoc, Benito Juárez, Cancún.

El comandante Fabio Ortellado en el punto de salida en Cancún.

Un día antes mi ánimo flaqueó, pero ahí voy. Nada mejor para romper la rutina que pensar que alguien espera. Y ese alguien son niñas y niños que dan la batalla desde un pequeño poblado con casas de madera y triciclos que la atraviesan para romper la monotonía.

Un alto en la carretera que conduce a Santa Cruz, Yucatán.

Viaje y llegada

Transitamos hora y media de viaje y me encuentro con tres adolescentes que ven el domo como quien mira un show que va a comenzar. Benito tiene pocas ganas de contestar pero César Leandro me dice que quiere ser ingeniero porque tiene un tío que trabaja en ello. Le va bien. Josma tiene también 16 y nunca ha visto en su vida al mar. Lo ha visto por la tele, sí, pero nunca ha sido golpeado por una ola que está a pocas horas de camino para ser una realidad.

Benito, Josmar y César Leandro

Santa Cruz es un poblado de unas 100 familias que viven del milagro de la milpa y (hasta hace poco) del Tren Maya, cuyo trabajo casi termina. Benito está al lado y habla en maya para hacerme a un lado de la plática, mientras suena AC/DC de fondo. Todos en el pueblo hablan maya, me aseguran. La música está a tono con los 35 motociclistas que han llegado desde Cancún y Playa del Carmen a tender una mano amiga, gracias a FEMPOC, una asociación civil que nació por amor y que sigue contagiando esa fuerza que mueve al universo. La rudeza de las chamarras, los tatuajes y los estruendos de los mofles contrastan con la nobleza que esgrime hoy el corazón: llevan pelotas, colchonetas, juguetes y un show de payaso.

Los niños están con la adrenalina de un cumpleaños. Tienen dibujada una sonrisa porque saben que se irán a casa con regalos. El día es para ellos solos. Antes, el remolino se concentra en la zona donde están los tacos de cochinita pibil y tortas. El manjar vuela en cuestión de minutos. Las 35 motos están ubicadas una tras de otra en el domo como una escena propia de una exhibición: las hay de todos colores, formas, cilindradas y personalizadas.

La perrada

Benicio me dice que el perro güero: famélico y de mirada resentida no ha comido porque los demás no lo dejan. Pienso que el capitalismo también se impone en el mundo canino. La perrada es grande y están al acecho de cualquier tortilla que cae de una mano generosa. Las hay muchas. Elda María, una de las madres en el evento dice que su esposo trabaja en la milpa y que tiene una hija y otra/o viene en camino. “¿Están listos?, pregunta el comandante Ortellado. Los niños contestan que sí.

El payaso hace su rutina para cambiar un día domingo que parecía ser otro más, pero esta vez fue distinto.

Regreso al tedio de las noticias del día y la guerra sigue su derrotero de declaraciones amenazantes.

Mientras tanto, un grupo de motociclistas ha plantado la bandera de la esperanza, de la solidaridad y el amor en Santa Cruz. Allí, niñas y niños han sonreído, un perro famélico ha comido de la mano generosa de un rudo motociclista que abrió su corazón para decir: habrá guerra, pero aquí hay paz hoy.

Los motociclistas listos en Cancún para partir a Santa Cruz, Yucatán.
Niños, niñas y adolescentes esperando la entrega de regalos y el show del payaso en Santa Cruz, Yucatán.

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