
Por Luciano Núñez
No fue Francisco un papa clásico. Un blanco personaje que se mira a la distancia. Desde su primera aparición tomó decisiones que lo ubicaron en un nuevo plano para la iglesia católica: rechazó cualquier gesto, objeto, vestimenta o artificio que lo pusiera en plano de la ostentación, algo que había causado tanto rechazo en las últimas décadas para los feligreses. Si en México a los argentinos nos dicen “sencillitos”, tanto Francisco como Messi echaron por tierra esa vieja creencia tan arraigada, discriminatoria y sesgada. Fue Francisco genuinamente sencillo, futbolero y carismático. Un mensajero de Latinoamérica que fue fiel a sus raíces, político en todo sentido y quien nunca visitaría Argentina, porque dice la palabra que «nadie es profeta en su tierra», sobre todo, una tierra con una grieta social que todavía divide. No dejó de voltear a América: visitó Brasil, Ecuador, Bolivia, Paraguay, Cuba, Estados Unidos, México, Colombia, Chile, Perú y Panamá.

Nuevos retos y sus mensajes
Había llegado en un momento complejo para la iglesia, con el empoderamiento femenino y los cambios de género: él abrazó a todas y todos sin distingos. “¿Quién soy yo para juzgar”, había dicho. Y aceptó que la homosexualidad no impide la búsqueda de Dios y bendijo a quienes estaban divorciados. Dejó atrás las prácticas excluyentes de la vieja iglesia. A los jóvenes los alentó a que «hagan lío», a que no se queden quietos ante un mundo que aboga por el aislamiento y los modelos impuestos desde las redes sociales.

México
Vino a México y, desde la elección de los lugares a los que asistió, dejó un mensaje. Sin decir una palabra estaba todo dicho. Sin embargo, habló fuerte y claro. Como su pronunciamiento que versa sobre la devastación ambiental, que nunca se había tocado con tanta profundidad. “El desafío ambiental que vivimos y sus raíces humanas, nos impactan a todos (cf. Laudato si’,14) y nos interpelan. Ya no podemos hacernos los sordos frente a una de las mayores crisis ambientales de la historia”, dijo en Chiapas, donde pidió perdón a las comunidades indígenas. Y donde no sólo celebró una misa, sino que se hicieron lecturas en idiomas nativos y decretó oficialmente el uso de lenguas originarias en ceremonias religiosas.

En ese punto también visitó la tumba de Samuel Ruiz, un obispo defensor de los indígenas y cercano a la Teología de la Liberación, cuestionado desde la jerarquía de la Iglesia mexicana y el Vaticano.
Conocido por ser hincha fanático de San Lorenzo de Almagro y circular en “subte” y el ómnibus (camión) cuando era arzobispo, cuando ya fue papa en Roma le declaró la guerra a los auto de lujo que tenía el Vaticano y a quienes circulaban en ellos. No ahorró críticas a la avaricia, el egocentrismo y el falso mensaje del enriquecimiento basado en el sufrimiento ajeno.

“No es fácil evitar la seducción del dinero, la fama y el poder, pero les pido que opten por Jesús. La riqueza que produce la corrupción es el pan con sabor a dolor, amargura, sufrimiento”, dejó en su visita a México durante el gobierno de Enrique Peña Nieto, en cuyo gobierno desaparecieron 43 estudiantes bajo circunstancias que todavía se desconocen.

Migración
Otro punto por demás relevante en aquella visita de 2016 fue la misa binacional en la frontera con Estados Unidos, en Chihuahua. Oró frente al río Bravo, a los pies de una cruz blanca, misa que fue seguida a ambos lados de la frontera. Y habló sobre los migrantes: “Son hermanos y hermanas que salen expulsados por la pobreza y la violencia, por el narcotráfico y el crimen organizado. Frente a tantos vacíos legales, se tiende una red que atrapa y destruye siempre a los más pobres…Les ruego no caer en la paralización de dar viejas respuestas a las nuevas demandas”, dijo allí.

Familia
Uno de los mensajes que más hondo caló fue el dedicado a la familia. “Hoy en día vemos y vivimos por distintos frentes cómo la familia está siendo debilitada, cuestionada. Cómo se cree que es un modelo que ya pasó y que no tiene espacio en nuestras sociedades que, bajo la pretensión de modernidad, propician cada vez más un modelo basado en el aislamiento”.

En un país con un gran porcentaje de pobreza, 36 por ciento según Coneval, sus palabras no fueron azarosas. Abogó por una política auténticamente humana y apeló a la responsabilidad de los dirigentes, “deben trabajar de modo especial para ofrecer a todos los ciudadanos la oportunidad de ser dignos actores de su propio destino”. Y precisó que no se trata sólo de leyes, que requieran de actualizaciones y mejoras, siempre necesarias: “sino de una urgente formación de la responsabilidad personal de cada uno”.

Hijos
En aquella visita a México cuestionó a quienes prefieren el confort antes que tener hijos:
«Prefiero una familia que, una y otra vez, intenta volver a empezar, a una familia y sociedad narcisista y obsesionada por el lujo y el confort. ¿Cuántos chicos tenés? No, no tenemos porque claro nos gusta salir de vacaciones, ir al turismo, quiero comprarme una quinta, el lujo y el confort y los hijos quedan y cuando quisiste tener uno ya se te pasó la hora. ¡Qué daño que hace eso!”.
Sucesión
El primer papa latinoamericano dejó una profunda huella en el mundo, con un mensaje de sencillez, dadas sus raíces como franciscano (eligió vivir en Santa Marta), humanidad (no le negó la bendición a nadie) y firmeza en sus decisiones, como el reclamar hasta el último momento de su vida las deportaciones masivas de Estados Unidos.
No ahorró palabras para criticar el modelo económico excluyente, con sus consecuencias que llamó “descartes”, y abogó por la paz mundial, con especial atención al conflicto de Medio Oriente. Es por ello que deja la encíclicas que plasman parte de su legado: Laudato Si’ (sobre medioambiente) y Fratelli Tutti (que habla de la fraternidad).

La iglesia necesitará de toda la luz para encontrar a alguien que supere la huella que deja Francisco, quien con aciertos y errores supo conducirla por 12 años en medio de nuevos paradigmas, más acorde a los tiempos cambiantes y violentos que vivimos.




















