Grupo Pirámide
México ha sido y será un país por demás solidario. Generoso y único como su gente. País de brazos abiertos frente a las Américas de las adversidades.
No se trata, como dice la oposición, de un rasgo del presidente Andrés Manuel López Obrador el que intente que Cuba, Venezuela y Nicaragua sean invitadas a la Cumbre de las Américas. Se trata de un rasgo histórico del País. Está en su ADN.
México tiene en su esencia la calidez de su gente que, ante adversidades históricas de América y Europa, incluso Medio Oriente, ha tenido el corazón abierto para que miles de refugiados y exiliados tengan en esta tierra su nueva casa.
Lo ha demostrado, además, con los refugiados de Ucrania en la actual guerra contra Rusia. Allí hay cientos en Iztapalapa.
Ahí está la historia con la llegada de miles de migrantes tras la Segunda Guerra Mundial, los exiliados sudamericanos de las dictaduras militares impuestas por el país organizador de la cumbre; y la llegada de libaneses y turcos, todos con sus saberes e idiosincrasias aportando su cultura.
Con ese trasfondo histórico y, la negativa a asistir del presidente mexicano si no son invitadas estas tres naciones, una vez más México toma el liderazgo que había perdido con personajes políticos pequeños, como aquel que le dijo a Fidel Castro: “vienes, comes y te vas”.
México es más grande por su esencia de respetar la autonomía y la autodeterminación de las naciones, que está plasmado en el artículo 89 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos: “…La autodeterminación de los pueblos; la no intervención; la solución pacífica de controversias; la proscripción de la amenaza o el uso de la fuerza en las relaciones internacionales; la igualdad jurídica de los Estados; la cooperación internacional para el desarrollo; el respeto, la protección y promoción de los derechos humanos y la lucha por la paz y la seguridad internacionales…”, cuya modificación data del año 1988.
Estos principios se derivan de la suscripción de México a tratados internacionales, en 1945, como la Carta de la Organización de la Naciones Unidas, o la ratificación de la Carta de Organización de los Estados Americanos, de 1948.
La historia también confirma que Estados Unidos, con su Plan Cóndor, intervino en la política interna de muchos países de Centro y Sudamérica para imponer dictaduras y, no por ello ha dejado su condición de americano.
Incluso, intervino en la Guerra de Malvinas a favor de Inglaterra y no ha dejado de ser invitado por el país sudamericano a las Cumbres que allí se han realizado.
Ahora bien: ¿Dejan de ser americanos estos países excluidos por no tener ideas idénticas?
¿No es mejor abrir el diálogo frente a los cambios que atraviesa el mundo post-pandemia y en guerra?
México es, por su historia y por su gente, un mosaico multicultural que ha priorizado la no intervención y la solidaridad hacia sus pueblos, sobre todo, “los hermanos y vecinos”, frente a la colonización, intervención, la exclusión y los bloqueos.
No es una política de un presidente, así siempre ha sido México.




















