Por Fernando Castro
Era día de convivir con mis amigos, como cada semana, como todas las semanas. Son de esas reuniones en la que la risa siempre es el invitado de honor. Se habla de futbol, de mascotas, de la naturaleza, todos estos temas cargados con estruendosas carcajadas.
Un servidor, al llegar a la casa designada, y para mi sorpresa este grupo estaba concentrado en discutir números macroeconómicos y temas internacionales. Solo había escuchado las mismas reflexiones en el canal matutino de noticias. Daba cada uno sus puntos analíticos, todos, poco alentadores. Trataron, con precisión detallada, cada uno de los hechos de preocupación global. Coincidiendo todos que el 2017 será un año que ya ha quedado en la historia.
La recomendación emerge de la charla

Fue durante la cena que escuché de uno de ellos la recomendación de un cuento que hace una crítica actualizada – nunca escuché el nombre del autor-, sin embargo, el titulo me llenó de gran curiosidad: “La Lagartija Ártica”.
Al llegar por la madrugada, después de la cena, me apresuré a tomar el ordenador con el propósito de encontrar este artículo. De inmediato lo encontré, lo leí con atención: era un cuento, que desde el momento en que el protagonista decide el cambio de beneficiario en su testamento, me atrapó; Etgar Keret, el autor.
Reflexivo


¡Qué forma de narrar!, inteligente, cotidiano, sencillo, no simple. Keret tiene una gran habilidad para introducirte a cada párrafo con humor, nada pretencioso y sí reflexivo.
Al día siguiente decidí conocer más cuentos de este autor israelí y encontré un par de libros: “De repente llaman a la Puerta” y “Pizzería Kamikaze”. Totalmente Brillantes, en donde todos los personajes son reales, pertenecen a este mundo, también duermen y se despiertan con deseos de continuar viviendo, a pesar de que no sea hoy el mejor mundo para hacerlo.
Sus historias no concluyen, eso no importa, no lo merecen. Sin embargo, en todo momento nos está relatando situaciones profundamente humanas, eso es lo que ha permitido que este autor de lengua hebrea sea considerado como un indispensable en la literatura universal moderna.
Ambientado en un lugar común, con elementos cotidianos, te lleva a reflexiones del ser humano actual. Sus personajes, todos pueden ser cualquiera, ellos viven en un mundo muy personal, sienten, se frustran, son complejos, se angustian; pero también, ríen y se enfrentan o ceden ante situaciones diarias.




















