Por Luciano Núñez
Pienso que Pepe Mujica murió con una sonrisa burlona en los labios. Quizás no fue así: no lo sabré. Sin embargo, pienso que fue así porque dio testimonio de ello en varias entrevistas en las que dijo que se había entretenido dándole un sentido a su vida.
Haciendo buen uso del tiempo. Algo que intentó inocular a los jóvenes en sus libros, conferencias y participaciones en todo el mundo.
Para él, el tiempo es el valor más preciado del ser humano y, si lo ocupamos en pagar cuotas (de lo que la mercadotécnica nos vende), dejamos que la vida se vaya en ello.
«Cuando compras algo, no pagamos con dinero, pagamos con tiempo de vida que tuvimos que gastar para tener ese dinero. Con esta diferencia: todo se puede comprar, menos la vida. Se gasta. Y es miserable desperdiciar la vida para perder libertad«.
Pepe fue un hombre de batalla. Fue parte de la aguerrida agrupación Tupamaros, que en las décadas de 1960 y 1970 practicó asaltos, secuestros y ejecuciones en contra de gobiernos encabezados por dictadoras militares. Pepe aclaró que nunca mató a nadie.
Por esos años recibió un balazo y acabó preso durante 14 años, durante los años 70 y 80, donde estuvo siete años sin poder leer. “Estuve seis meses atado con alambre, esposado atrás. Tenía que pasar el día sentado en un banquito contra la puerta, en un calabozo”, confesó en una entrevista.
El milagro de haber nacido
Durante su reclusión dijo: “Allí registro que las hormigas gritan cuando las agarras y las pones en el tímpano de la oreja”.
Se fugó de la cárcel y así conoció a su esposa Topolansky, quien formaba parte del apoyo externo. Fue recapitulado y recién en 1985 fue liberado. Se incorporó a la vida política.
Fue ministro de Ganadería, Agricultura y Pesca, de 2005 a 2008, y senador posteriormente. En 2010 se convirtió en presidente de Uruguay y, desde allí, su figura comenzó a crecer en todo el mundo.
Pregonaba desde su chacra la austeridad (circulaba en un vochito); el sentido de la vida: dar rienda suelta a las pasiones, el deporte, la lectura y tener plena consciencia de la finitud del ser. “La vida es hermosa. Y triunfar en la vida es levantarse y volver a empezar cada vez que uno cae, en todos los órdenes.
El único milagro que hay es haber nacido. Por lo tanto, hay que darle una causa al milagro de haber nacido”. Se extrañará sin dudas a Pepe.




















