Por: Isabel Rosas Martín del Campo

En México se celebra el Día del Padre cada tercer domingo de junio. Curiosamente no tiene un día fijo.

Quizá la razón sea porque esta fecha fue instaurada a mediados del siglo pasado, época en que, en la familia, el único proveedor era el hombre mientras la mujer se quedaba en casa a cargo de la educación de los hijos.

Durante siglos de historia la figura paternal estuvo muy alejada de construir un papel vulnerable para el padre. En consecuencia, se construyó un hombre incapaz de asumir emociones que lograran desequilibrar su virilidad.

Esforzando al hombre a pensar que no sentía emociones más allá de las que lo obligaban a mostrarse ante los demás como un ser carente de sentimientos enternecidos.

Rol inquisidor asociado al padre

En cambio, aprendió a jugar un papel inquisidor siendo que se llegaba el único día de estar en casa, (el domingo), para ejercer un segundo papel, además de proveedor: el del padre represivo y castigador ante las quejas de la madre harta de estar toda la semana lidiando con los hijos.

Esta demanda de educación unilateral tuvo su pujanza después de la posguerra, donde los hijos adquieren ideologías de libertad y de justicia gracias a la influencia que comenzaba a ponderarse con la televisión y los nuevos ídolos de la música que, desde luego, imponían modas, sobre todo de pensamiento.

Luego de que por siglos enteros los hijos habían sido tratados como pequeños adultos capaces de poder salir y ganarse la vida para ayudar al padre de familia que no podía llegar a tener una situación económica estable.

Libertad de las mujeres

Es importante aclarar cómo el rol de padre autoritario, incansable sin derecho a sucumbir por mantener a una familia con más de cinco hijos, por lo menos, comienza a desperfilarse a partir de la influencia de libertad que las mujeres comienzan a abanderar para sí.

El reparto de los roles amorosos iniciará una guerra sin cuartel, a partir de un naciente feminismo que se revela con sed de justicia y de libertad y con nuevas ambiciones individuales, que van más allá del rol maternal.

La posición tradicional de la dupla madre y padre serán desmitificados hasta el punto en que surgirá un nuevo rol para cada uno.

Nueva era

Comenzará la era de la desmitificación y la deconstrucción de los roles. La madre toma las riendas de su desarrollo y de su vida y el hombre suelta sus riendas de proveedor y de inquisidor.

Se pondrán entre dicho todos los valores tradicionales y comenzará una verdadera polémica social.

La madre ejerciendo el papel del padre y el padre ejerciendo el papel de la madre. En la era de la individualización los roles permanentes ya no son. Un nomadismo mental de ideas impera en los pensamientos de una sociedad que juega a jugar todos los roles.

Familia moderna

El papel del padre del siglo XXI ya no está plenamente identificado como cabeza de familia ni como pilar, la familia se desjerarquiza y esto se traslada al espacio existencial: la casa, el trabajo y las escuelas.

Hoy una familia se sostiene por el padre y la madre en una familia moderna, aunque aún quedan las tradicionales, son residuales; en el nuevo tipo de familia hay hijos con dos padres o hijos con dos madres donde la imagen del padre ya no es necesaria.

O, una que se arrastra desde siempre, la de la madre abandonada que representa los dos roles padre y madre a la vez.

Y, por último, dejo a la más despreciable de todas las categorías: los padres que sin importarles su definición proveniente de haber engendrado un hijo se van sin marcha atrás para olvidarse que detrás de ellos dejan seres humanos con su misma sangre corriendo en sus venas.

Con todo un papá consciente de su rol nunca podrá desaparecer o, se extinguiría la raza.

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