Por: Patricia Ojeda

Tal vez, el escepticismo fundamentado que parece caracterizar a nuestra sociedad nos deja vulnerables a otro tipo de encantamientos.

Veo personas con evidentes trastornos emocionales y alimenticios presentando cursos, publicando libros y vendiendo manuales para el bien comer y el buen vivir.

Encuentro sin parar influencers e influenciados volviéndose entrenadores, coaches, consultores, profesores, chamanes, y hay certidumbre en que presentarse al público, ya de por sí, conlleva un trabajo, al menos de diseño y producción, lo cual es respetable.

Ahora que se acerca el verano, por todos lados ofrecen cremas, jugos, detox, píldoras para lograr “el cuerpo estival”, aplanar la panza, levantar la nalga… ¡¿cómo?!

Te puede interesar: Opinión | Tener un piano, no te hace pianista | Ana Patricia Ojeda Villanueva

Creo que no hay encanto en proponer que la salud es una camino que se construye día a día, con hábitos y sobre todo, acciones y elecciones que nutren a quienes Ya somos, a los objetivos que acunamos y a la vida que queremos vivir.

No vende bien poner que hay días buenos, hay días malos, que el equilibrio emocional y la estabilidad mental es un viaje con subidas y bajadas. ¿Dónde se consiguen filtros para eso? La belleza interior no sale en las fotos.

¿Quién puede levantarme la moral (con hilos y jeringas brillantes) si no cultivo mi amor propio, el discernimiento y desarrollo personal?

Síguenos en Google News Únete a nuestro grupo de WhatsApp