Por Ignacio Alonso Velasco
Una metáfora que me gusta bastante es la del campesino que tiene que hacer el esfuerzo de sembrar y cuidar la cosecha si quiere, en un futuro, recoger los frutos que podrá arrancarle a la tierra.
De la misma forma, cualquiera que sea nuestra profesión, lo más recomendable es dar lo máximo de nosotros para poder alcanzar nuestras metas ya que, es la mejor forma de disfrutar del éxito una vez conseguido y es como más se valora y cuida, precisamente porque ha costado mucho llegar hasta ahí.
A diferencia de quienes consiguen triunfos sin ningún mérito, no los aprecian y los acaban perdiendo, debido a que lo que fácil viene, fácil se va.
No me gusta hablar de mí, ya que no tengo el ego muy elevado, pero en esta columna lo voy a hacer, quizá sea la más personal que haya escrito.
Y no es con un afán de presumir, sino como una forma de agradecimiento a todas aquellas personas que han creído en mí y mis capacidades durante todos estos años que llevo viviendo en México, que ya son casi dos décadas.
Profesor investigador en Uqroo y Mexicano de Corazón
Al fin he logrado un objetivo que me propuse desde que llegué a estas tierras, me refiero a obtener una plaza de profesor investigador en la Universidad de Quintana Roo.
Esto me llena de satisfacción y, desde esta cima puedo mirar a atrás, para reflexionar acerca del camino arduo que he tenido que transitar para poder alcanzar esta cumbre.
Con la intención de lograr mi superación e integración total en un nuevo país tuve muy claro desde un principio que debía conseguir mi naturalización como mexicano y revalidar mi licenciatura en derecho que traía de la Universidad Complutense de Madrid, ambas metas alcancé tras varios años de obstáculos.
Y estos no se acabaron con la consecución de mi nacionalidad, es por ello que creamos Mexicanos de Corazón, A. C., con la intención de eliminar la discriminación que sufrimos los mexicanos naturalizados con respecto a aquellos que lo son por nacimiento.
Libro sobre Conflicto limítrofe en la Península de Yucatán
También estudié mis posgrados, válidos tanto en México como en España.
Tuve que dejar de trabajar para dedicarme única y exclusivamente al estudio.
Fueron varios años de recogimiento en los que logré una metamorfosis como la que experimenta la oruga que finalmente se transforma en una bella crisálida.
Fruto de ello es mi libro: “Conflicto de límites territoriales en la Península de Yucatán”, que es un gran aporte para entender este añejo problema que afecta a sesenta mil personas asentadas en un territorio bajo indeterminación jurisdiccional.
En Grupo Pirámide y Conacyt
Hace un poco más de un lustro comencé a escribir con Grupo Pirámide, lo cual, me ayudó a desarrollar mi capacidad de redacción y me permitió compartir mis inquietudes acerca de temas que me apasionan.
La llegada de la pandemia la afronté no como un peligro sino como una oportunidad.
Aproveché el tiempo de reclusión para publicar numerosos artículos científicos que me han permitido ser merecedor a integrarme en el Sistema Nacional de Investigadores del Conacyt.
Por supuesto que mi esfuerzo no hubiera sido suficiente para poder estar hoy cosechando, si no hubiera contado con el apoyo incondicional de mi familia y de los amigos que he podido ir juntando durante estos años de travesía por tierras mexicanas.
A todos ellos dedico esta columna a modo de regalo cargado de gratitud.





















Solamente decirte que me llena de orgullo todo lo que haz logrado, que eres el español más chetumaleño y mexicano que cualquiera de nosotros.te deseamos éxito total en todo lo que emprendas.
¡Enhorabuena Dr. Ignacio! 👍🏻👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻👏🏻