Por David Lara Catalán
Cancún, Quintana Roo. En los últimos días, dos eventos deportivos han llamado la atención del público a nivel global.
Por una parte, el triunfo del tenista Rafael Nadal en el Abierto de Australia 2022 y así lograr 21 Grand Slams y, por la otra, el retiro de Tom Brady del futbol americano profesional.
El gusto por ver jugar a Rafael Nadal al tenis es una cuestión con muchas aristas, destaco dos de ellas: su esfuerzo por no rendirse nunca, ni en los peores momentos, y el respeto que tiene para él mismo y para sus contrincantes, público y jueces.
Desde luego se admira que sea el primer tenista masculino en ganar 21 Grand Slams, ojalá le alcance el tiempo para ganar varios más.
Es un jugador con grandes talentos y no solo deportivos sino también humanos.
Por otra parte, nos encontramos con la despedida del fútbol americano de Tom Brady: jugó 10 Súper Bowls, ganó 7 anillos, -no será fácil encontrar a un quarterback en llegar siquiera a amenazar sus récords-, sus ganancias económicas han sido millonarias y desde luego ha demostrado ser un jugador con grandes talentos. Pero…
Diferentes caminos para la gloria
Existe una pequeña -o gran- diferencia entre ambos.
No se ha sabido que Nadal haga trampa para ganar, factor que sí empaña un tanto los logros de Brady.
Solo como muestra bastaría citar el caso de los balones desinflados (factor que favoreció su triunfo contra los Colts en 2014), y que a los Patriotas les costó un millón de dólares y a Brady 4 juegos de suspensión.
Espiar a los contrincantes de modo ilegal llegando a utilizar incluso drones (desde luego una acción entre el entrenador Belichick y el conjunto de entrenadores y jugadores) pero que incidió en algunos de los triunfos de Brady.
Ganar haciendo trampa es una constante en la historia humana
No es novedad. Sin embargo, no es ético ganar haciendo trampa.
La ética es un tema subestimado, por no decir descontinuado, si es que alguna vez tuvo vigencia.
Ganar a costa de lo que sea en todos los ámbitos, públicos y privados, es la consigna.
Me pregunto: ¿puede haber satisfacción por los logros obtenidos haciendo trampa? Sin duda, para muchos sí.
Parece existir para una gran multitud, hombres y mujeres, una inmensa necesidad por ganar, por obtener notoriedad, por superar al de enfrente como sea y a costa de lo que sea.
Por eso el triunfo de Rafael Nadal cobra gran relevancia en tiempos en los cuales se hace necesario considerar temas como el esfuerzo, individual y colectivo, la solidaridad, el respeto por uno mismo y por los de enfrente.
Tal vez nos hagan falta ejemplos como este con los cuales podamos priorizar la perseverancia por alcanzar nuestras metas, nuestros sueños en nosotros mismos y nuestros hijos, nuestros vecinos, en lugar de hacer apología de la trampa, del fraude o del engaño como medios fáciles por obtener lo que deseamos y que tanto impacto tienen tanto en el ámbito público como privado.




















