Por: Fernando Castro Borges
¿Es el mejor? Sería una plática infructuosa, un debate donde el gusto personal sería el elemento que predominara. Hablar de Lionel Messi, es hablar de una persona que genera polémica, quizas muy a su pesar. Con una habilidad extraordinaría, sus regates en espacios reducidos han sido su característica y su sello predominante en el deporte que más seguidores tiene en todo el orbe.
Lionel Andrés Messi Cuccittini, nombrado así por el fanatismo del padre por las canciones del cantante norte americano Lionel Richie, siempre ha sido «La pulga” en la cancha.
Ese pequeño que hace cosas impensables, que incomoda a todo el equipo rival, haciéndoles pasar a sus defensas una pesadilla, durante los noventa minutos de juego, imposible estar tranquilo, si muchos han dicho que es de otro planeta.
Es de gran valor el triunfo contra Brasil, en el mítico estadio de Maracaná, para obtener el título de campeón de Conmebol Copa América; ya que es el primero que Lionel gana con su Selección.
Aunque parezca increíble de creerlo de alguien que como jugador de Club (símbolo del Barcelona) ha ganado absolutamente todo: Copas del Rey, la Liga española en diferentes ocasiones, la Champions, mundiales de clubes; además que en lo individual ha tenido balones de oro, botas de oro, reconocimiento como el mejor jugador de la FIFA; no había podido obtener un campeonato con la selección mayor de Argentina.
Como es tradición cada vez que Argentina gana un campeonato, el Obelisco de la Ciudad de Buenos Aires fue el lugar donde más de 20 mil personas se dieron cita para celebrar un título que se le negaba a la Albiceleste desde 1993, fueron a celebrar la victoria obtenida, Messi, con un llanto de emoción al término del partido, con su mirada al cielo, agradecía que al fin pudiera dar esta dicha a la nación que lo había visto crecer.
Ayer, a la conclusión del cardiaco partido, el jugador que acaparó las miradas fue «Lío». Era el referente, fue el epicentro de llegada de todos sus compañeros para festejar con él, se había convertido en terreno de juego en el líder, cada uno de sus compañeros, entendía el valor del triunfo para el “10”; levantarlo en hombros y arrojarlo entre todos al cielo fue una muestra de la humildad de todo el equipo ante alguien que había dado la cara en múltiples ocasiones por no obtener los resultados deseados, el que salía en todos los diarios con la mirada triste clavada hacia el piso.
Este triunfo marca el momento de festejar, de echar abajo los muros de la frustración que le llevó a pensar en el retiro de la selección en un par de ocasiones.
Messi obtuvo un título, el Jugador que por ahora no tiene un club, el del futuro incierto; el que necesitaba ser cobijado por los suyos. Se reconoce como uno de ellos y los comanda hacia la victoria.
Messi, no sé si sea considerado en la historia como el mejor del mundo, es un jugador que tiene todo para estar en el olimpo del futbol, que desde el triunfo de la Copa América, es un argentino que puede mirar orgulloso al “Sol de Mayo” como un hijo que le ha cumplido.
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