Por Macarena Huicochea

 La primera vez que leí la novela de Frankenstein recuerdo que me intrigó el título complementario que añadió su autora, Mary Shelley: el moderno Prometeo, que se refiere al titán que (según la mitología griega) robó el fuego a los dioses del Olimpo para entregarlo a los humanos y que estos pudieran trasformar la naturaleza a través de nuevas herramientas, lo cual (al igual que el árbol del conocimiento del bien y del mal) estaba vedado a los hombres… una historia que se repite en muchas religiones en las que se afirma que los dioses consideraban peligroso poner en manos humanas conocimientos que nos darían un poder para el cual no estábamos preparados y nos sabríamos gestionar.

Es por ello que no coincido con quienes afirman que Guillermo del Toro “traicionó” a Mary Shelley al hacer su adaptación, más bien creo que fue capaz de ofrecer otra faceta respecto a lo que la autora de esta novela cuestionaba y que ha hecho eco en la historia de la filosofía de todas las épocas: ¿Por qué nos sentimos desamparados ante una deidad o un cosmos indiferente o cruel con su creación? ¿Por qué, si venimos de la naturaleza, atentamos contra ella y contra nuestra propia especie?

¿Acaso será que tanto Mary como Guillermo coinciden en que nosotros somos una especie defectuosa, que pretende erigirse como dueña de la vida y la muerte propia y del planeta? Parece que ambos coinciden en que representamos un aterrador enigma, un misterio que, tras siglos de supuesta evolución, aún no hemos logrado descifrar, una especie de interrogación ambulante que no encuentra respuestas al absurdo de una existencia plagada de odios, violencias, guerras, discriminaciones y rechazo a todo lo que no concuerde con nuestras expectativas…

Amo la novela de Mary Shelley y creo que del Toro puntualizó la esencia de esos cuestionamientos ontológicos de la autora de Frankenstein: una metáfora del hombre que, en cuanto toma consciencia, cuestiona a su creador (Dios o el Universo) por las imperfecciones (monstruosidades) que posee la condición humana, rechazando aquello que (aunque suene a blasfemia) nos hace preguntarnos respecto al afán de los dioses por crear un ser a imagen y semejanza de su creador que, indignado por su propia obra, en lugar de reconocer su error, castiga a sus creaturas, las expulsa de algún mítico paraíso original y las hace cargar con la culpa o el “pecado” de ser imperfecto, “contra natura”… y la gran ironía es que esta criatura desamparada y llena de miedos (ante la incertidumbre del sentido de su existencia) pretende ser un Dios, se adueña y somete de todas las otras formas de vida del planeta, trastocando incluso las leyes naturales.

Estoy convencida de que la autora de Frankenstein hace un profundo cuestionamiento respecto a los avances de una ciencia que (desde la época en que se escribió la novela) ha pretendido reemplazar a la divinidad y a la religión para (supuestamente) poner en manos de la humanidad el poder de crear mundos, seres y realidades a su propia imagen; además de máquinas capaces de reemplazar al hombre y tecnologías para extender la vida e inteligencia de manera artificial.

Si bien concuerdo con quienes aseguran que hay cierta cursilería respecto al romance forzado en la película entre la prometida del «hermano» del Dr. y la criatura, me parece que del Toro da mayor relevancia a las conductas del Dr. Frankenstein y de su patrocinador respecto a normalizar un mundo donde todo, incluso la vida humana, se puede comprar, y el valor de las personas y sus cuerpos son vistos como objetos a disposición de quienes tienen el poder para someterlos y obligarlos a “hacer su voluntad”, sin reconocer el derecho de quienes han sido sojuzgados y considerados “inferiores”, a quienes se les niega una vida digna y libre; a fin de cuentas un retrato de ese mundo monstruoso en el que vivimos y en donde la ley y la ética están al servicio del “mejor postor”… me parece que tanto Guillermo como Shelley proyectan en la criatura del Dr. Frankenstein una metáfora de una sociedad incipiente, que no se conoce a sí misma y que se ha mantenido marginada por la fuerza y que, cuando se rebela, no encuentra otro camino que la violencia y la incertidumbre respecto sí misma y su destino.

Considero que esta adaptación coincide con la visión original de la autora de la novela al cuestionar la soberbia, el egoísmo y la individualidad que se olvida, menosprecia, rechaza o ignora a quien es diferente y no cumple con las expectativas de ser a “la imagen y semejanza” de su creador; pero también en esa condición de una humanidad que se parece más a una masa deforme, integrada por diferentes grupos sociales que no acaban de integrarse y construyen una realidad artificial que pretende estar viva.

No me cabe duda alguna de que el arte tiende a confrontar al lector o al espectador, y que tanto la autora como el director de la película de Frankenstein pueden confluir en sus intenciones de evidenciar la sordidez de la condición humana: en el caso de Shelley, condenando al creador y a su creación a la destrucción mutua; y en el de la reciente adaptación, arriesgándose a proponer la utópica posibilidad de reconocer y reconciliarnos con nuestra propia monstruosidad.

Leer la obra y ver las diferentes versiones de sus adaptaciones (más de una vez) sería un ejercicio interesante, pues ya algunas otras propuestas cinematográficas han reiterado ese mensaje que invita a reinterpretar el concepto de lo monstruoso, más allá del miedo a lo diferente, a lo que no entendemos (de nuestra propia sombra y maldad o las ajenas); y a reconsiderar la posibilidad de que es precisamente esa ambigüedad, esa contradicción y lo deforme de nuestras conductas el reflejo de nuestro propio espíritu humano… que seguimos sin poder o querer reconocer en ninguno de estos múltiples espejos literarios y cinematográficos.

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Macarena Huicochea ha publicado tres libros de cuento fantástico: Blasfematorio (CTE, 1988); La Caricia de la Esfinge (IMC, 2010); y Umbrales (CEAPE,2015) que se presentó en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara y en la FILEY de Mérida, Yucatán.

Actualmente, prepara su nuevo libro titulado Laberintos, y un guión para cortometraje.

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